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Un café con…una Auxiliar de Vuelo

Nunca he volado con el Miniser, y hasta ahora, no me había planteado las diferencias que pueden existir a la hora de viajar en avión con un niño o sin él. Así que el otro día, aprovechando la oportunidad de tener en casa desde hace poco una TCP (Técnico de Cabina de Pasajeros) o más comúnmente, una azafata de vuelo (aunque esta denominación cotidiana no es la más adecuada), decidí resolver varias dudas a este respecto. Pedimos unos cafés, esta vez Take Away, más acordes con la situación de estar trasladándote de un lugar a otro, y al solecito tardío en un parque cercano me explicó los enigmas que el mundo aeronaútico guarda a los más pequeños viajeros.

La mayor diferencia cuando viajas con niños es que te conviertes en un pasajero importante. Mientras que habitualmente el comandante del avión no tiene ni idea de quién eres o donde estas, cuando vas acompañado de un menor de doce años cobras mucha importancia. La tripulación conoce tu nombre, el del niñx o niñxs, vuestras edades, qué asientos ocupáis. Pasaís a ser pasajeros especiales, con unas necesidades distintas al resto. Por ejemplo, nunca os van a situar justamente al lado de las salidas de emergencia, sí cerca, pero no en ellas. Sin embargo, el asiento que ocupeis será uno de los que tengan una mascarilla y un chaleco de emergencias extra. Estos objetos, sólo lo disponen el 10% de los asientos de la capacidad total del avión, por lo que nunca podrán viajar más de este número de niños en un mismo vuelo. Por ejemplo, si el avión dispone de 140 plazas, como máximo podrán volar en él 14 niños a la vez, situados en los asientos asignados para ellos que estarán distribuidos a lo largo de todo el avión, para poder disponer de estos utensilios de emergencias, así como para garantizar el confort de ellos mismos y del resto de pasajeros.

Maleta bebeMi estilosa auxiliar de vuelo particular, me explicó además la diferenciación que hacen en los niños dependiendo de su edad o condiciones. En aeronáutica los clasifican de la siguiente manera:

  • de 0 a 2 años lo denominan Bebé, hasta aquí como hacemos todos, más o menos.
  • de 2 a 12 años todos son niños (Child), sin importar edades dentro de este rango, peso o estatura.
  • entre 5 y 12 años pero que viajen solos, son denominados Unacompanned Minor. Antes de los 5 años no pueden viajar sin acompañante.

Y dependiendo de la edad de los retoños, existen más o menos limitaciones. Me comentó, entre otras cosas, que un adulto no puede viajar con más de dos bebés a la vez. La verdad que viajar con más de dos bebés a la vez lo veo bastante complicado a nivel personal, para desenvolverte con ellos, sus carritos, sus comidas, pero no sabía que existían limitaciones al respecto más que las que se quisiera poner cada uno. Así que si por ejemplo, mi amiga T (ya te hablaré de ella más a menudo), que tuvo dos mellizos y antes de que cumpliesen los dos años tuvo a su benjamín, hubiera querido viajar ella sola con sus tres pequeños en ese momento no hubiera podido por exigencias del avión. En cambio, para niños, de entre 2 y 12 años, no hay límite por adulto, más que el que el adulto que los acompañe quiera ponerse a sí mismo.

Independientemente del número de niños que viajen contigo, yo veía un engorro el tema de quedarte sin cochecito tras facturarlo,  sobre todo si la espera hasta el embarque es larga, ¿o podría dejar su facturación para le último minuto y así no prescindir de él? pero me abrió los ojos a una opción muy práctica. Ya sabía que las sillas de paseo o carritos del bebé, hay que facturarlas, más que nada porque a ver quién es el guapo que los hace entrar en las medidas de una maleta de mano, pero no sabía que el aeropuerto está obligado a facilitarte una silla para el niño hasta que llegues a la puerta misma del avión. Como tampoco sabía que una vez dentro del avión, disponen de pañales, de comida para bebés y que incluso, están es la obligación de prepararte el biberón si así se lo pides.

Otra duda resuelta por esta profesional del aire, es porqué nos piden indicar la edad de los niños o nuestro sexo cuando compramos un billete. Es para poder calcular el peso del pasaje. Estiman el peso medio de los hombres en 80 kg, el de los niños en 12 kg, sea cual sea su edad, y el de las mujeres en 60 kg, ¡ojalá fuera real!. Así pueden distribuir el peso de los pasajeros por el avión y saber con cuanto peso total aproximado van a cargar, vamos, como un ascensor que indica que no suban más de X personas o un máximo de 600 kg, pero a lo grande.

Si estás embarazada, hay más restricciones. Hasta este café yo creía en una leyenda urbana que decía que las aerolíneas no dejan volar a embarazas porque si dieras a luz en el avión el niño o niña nacidx, tendría derecho a volar el resto de su vida gratis en esa compañía. ¡A saber dónde había yo esa tontería!. El caso es que la tenía arraigada en mí y estaba convencida de que así era, pero mi auxiliar de vuelo particular me sacó del error. Médicamente, no se recomienda viajar en ninguna semana de gestación. Es cierto que no pasa nada por hacerlo, pero si volamos demasiado o realizamos trayectos muy largos estando embarazas sí que parece ser que podemos encontrarnos algún inconveniente en nuestra gestación debido a los cambios de presión. La prueba está, en que las azafatas embarazadas tienen baja por riesgo laboral desde el día uno de su embarazo, por algo será. Pero claro, es diferente, como decía, tener que viajar constantemente como es su trabajo a realizar un vuelo o pocos vuelos puntuales durante esos nueve meses. Recuerdo que a una amiga que tuvo que ir de Barcelona a Valladolid a una boda, estando de 7 meses, el médico la echó un rapapolvos por haber realizado el trayecto en coche en vez de avión. La aseguró que no hay problema ninguno y que la comodidad y la seguridad hubiera sido mayor en el avión que en el coche, pero…¡a buenas horas!, después de haberse recorrido media España dejando su rastro de pis cada pocos kilómetros, a la ida, y claro está, a la vuelta. Pero volvamos al avión. Es cierto que las compañías aéreas, ponene ciertos impedimentos o reticencias a que viajen con ellos embarazadas de más de 5 meses de gestación, y no, no es por lo de viajar gratis como yo pensaba, es egoístamente, para no tener que encontrarse con un parto a bordo. No quieren problemas, ya que por un parto a bordo, ni si quiera se plantean un aterrizaje de emergencias, atenderían la situación las auxiliares de vuelo que en su formación han visto esta posibilidad, y al aterrizar, en el destino que sea, estaría una ambulancia esperando para trasladar a la madre y el recién nacido a un hospital. Tampoco es cierto que quien nazca en un avión será ciudadano de un lugar llamado Mundo, más que cualquier otro. No por nacer en un avión te ponen Nacionalidad: El aire, o el Oceáno Atlántico. Simplemente, quedas inscrito con la nacionalidad de tu madre, así que ese glamour peliculero de no tener nacionalidad por ser tan oportuno en el nacimiento tampoco es cierto.

niño_viajePara mí ponerte de parto en un avión es una emergencia, aunque debo ser un poco histérica porque el comandante no lo vería así. Pero en lo que sí coincidiríamos el comandante y yo, y cualquiera con dos dedos de frente, es que un amerizaje si es una emergencia, y gorda. Para estos improbables casos, de tener que aterrizar en el agua, me ha parecido muy curioso saber que los aviones van dotados de unas cunas especiales para bebés. Se hinchan y harían un tipo de balsita para que el bebé flote en el agua hasta que lleguen a recatarlo. La verdad, que las medidas de emergencia en general me han sorprendido, tal vez porque no me había parado a pensar en ellas. Por ejemplo, los bebés, como han de viajar encima del adulto, han de ir sujetos con un cinturón “canguro”, un cinturón especial que se acopla al cinturón de seguridad del adulto. También los chalecos salvavidas son diferentes para los más pequeños, son una especie de pañales, para poder ponérselo más rápidamente por las piernas. Y respecto a las emergencias, hay una cosa que me razonó mi querida azafata (aunque sé que esta denominación no es correcta, puedes leer su explicación aquí), y es el motivo por el que en las demostraciones de seguridad antes de despegar nos insisten en que en caso de despresurización, debemos ponernos nosotros antes la mascarilla que a los niños. Es realmente importante hacerlo así, por este motivo: en caso de despresurización explosiva, por daños en la estrucutra de la aeronave, las mascarillas caen de su alojamiento y sólo disponemos de 3 a 5 segundos para ponernosla y asegurarnos el oxígeno antes de perder la conciencia. Si perdemos estos segundo en ponérsela a un niño, ¿quién nos la pondrá a nosotros? ¿quién se hará cargo de nosotros o de nuestra evacuación si estamos inconscientes?. Ahora seguramente estés pensando ya, pero entonces mi pequeño perdería la consciencia. Sí, podría perderla pero momentáneamente, ya que la cantidad de oxígeno que le llegaría a través de la mascarilla le ayudaría a recuperarla de manera muy rápida. Tan sólo sería eso, un desvanecimiento, un síncope sin efectos secundarios. A partir de ahora, creo que estaré más pendiente a la explicación pre-despegue en vez de estar buscando posición para echarme una siesta.

Como hace pocos días mi primo de 8 años tuvo que volar solo de Moscú a Santander, con transbordo en Madrid, esta auxiliar me explicó también cómo se tramitan y suceden este tipo de viajes. Para poder viajar sólo, debe ser mayor de 5 años, así la aerolínea se asegura un mínimo de autonomía por parte del niño. Desde el momento del embarque en el aeropuerto, el menor está permanentemente vigilado por personal del aeropuerto, en una sala VIP donde le dan de comer, le facilitan juegos y se relaciona con otros menores en su situación de viajeros intrépidos que tienen otros destinos en sus billetes. Es acompañado por este personal hasta la puerta del avión, donde pasa a ser cargo de una de las TCP (azafata para entendernos). Ésta, le acompaña a su asiento, que estará cerca de las salidas de emergencia pero no en ellas. Le prestará una atención especial, explicándole personalmente el funcionamiento del PSU, el panel de botones que está sobre las cabezas de los pasajeros para dar la luz, llamar a las azafatas…Le ofrecerá comida y bebida directamente, preocupándose por lo que quiere, y varias veces durante el trayecto. Pero no irá sentada a su lado. Será un pasajero especial pero cada azafata tiene que seguir realizando su trabajo y atender al resto de pasajeros que la corresponden. Lo que sí pueden y deben hacer las azafatas, es velar por la comodidad del menor, pudiendo incluso cambiar de asiento a los pasajeros que van al lado del niño si consideran que pueden ser molestos o poco adecuados para el niño. En el momento del aterrizaje, donde desembarcará el último, lo mismo que al subir al avión lo hizo el primero, esta azafata acompañará al menor hasta tierra, donde le dejará bajo la custodia del personal del aeropuerto que la indicaron que estaría esperando. Si a ella la dijeron que venía Juani, no entregará el menor a Pepi, por mucho que ésta la diga que Juani está ocupada, que se ha puesto mala y se ha ido a casa, etc.. Hasta que no venga Juani y firme el documento de entrega (como un paquete, sí) y se haga cargo del menor, la azafata que le acompaña hasta ese momento no se despegará de él.

niñoavionEntre todas estas facilidades que nos ofrecen las azafatas, hay una pega que encontré, y es que el baño de los aviones no dispone de cambiadores, y si te ves en la situación, con el avión lleno, el bebé encima tuyo y que le huelen hasta las pestañas ¿qué haces?.Pues aunque no dispongan de cambiadores como tales, te acondicionarán sin problema el Galley, la zona donde ellas están para hacerte la tarea lo más fácil posible.

Para despedirse, esta dicharachera azafata nos dá un consejo a quienes viajemos con bebés: hacer coincidir la toma del biberón con el aterrizaje y el despegue, para evitar en los pequeños el malestar de oídos causado por la variación en la presión, evitando un barotrauma, ya que ellos no saben destaponarse los oídos. Así que si te encuentras en la situación  y piensas que es mejor darle el biberón antes de aterrizar, o esperar a estar ya en el aire tras haber despegado, no lo hagas, dáselo durante estas dos maniobras y el bebé se encontrará mucho más a gusto.

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Viajar con mochila (parte II)

Con este día frío en el que el sol se empeña en recordarme lo que hecho de menos el verano, me da por lamentarme de lo lejos que quedaron ya las vacaciones. Como te contaba en mi primera experiencia turística como mamá primeriza, en aquella ocasión nos pareció fácil viajar con niños, pero el problema fue que pasó el tiempo y se nos fue olvidando…

7m D.M. Nos habíamos enfriado. No habíamos pensado mucho en las vacaciones porque por horarios laborales del Virrey de la casa no teníamos claras las fechas, pero un día, llegó diciendo que tendría la siguiente semana libre y nos liamos la manta a la cabeza. Buscamos destino. Opciones: en España, por si acaso, que es muy pequeño no vaya a pasar algo. Con playa, para disfrutar un poco nosotros. Por el sur, que es Septiembre y en el norte no te aseguras el sol. Conclusión: Cádiz. En la otra puntita justamente de donde vivimos. NO pasa nada. Hacemos el viaje en tramos para que no se canse el Miniser y listo. Una vez decidido el destino, pasamos a la fase de pregón informativo: “Por orden de la necesidad de relajarnos, se hace saber, a abuelos, tíos y demás pegados que no van a ver al Miniser durante la siguiente semana”. ¡Horror!, los días que quedaron hasta nuestra salida fueron un torbellino de visitas, reproches por irnos tan lejos (como si Cádiz fuera la Tercera Dimensión) y repetidas recomendaciones que terminé por no oír, como todo lo anterior. Nosotros a lo nuestro.

Aquí la operación maleta fue más sencilla. De ropa lo justo, que además íbamos de apartamento y en un momento dado se puede lavar y ya está. Pañales contados, ya compraremos al llegar allí que el precio no será muy diferente y los que sobren los traemos, que en una semana no va a cambiar de talla (nosotros seguro que sí). Biberones, esto era nuevo, porque en el viaje anterior estábamos aún en la fase vampírica, se alimentaba de la leche que me absorbía, pero ahora ya habíamos pasado a la fase botellón-puchero, alternando biberones con purés y frutas, así que la infraestructura alimentaria era mayor. Resumen: maletas con bañadores, unas mudas y cuatro trapos, y la sección de puericultura y alimentación infantil de cualquier Carrefour al completo. Eso sí, sin cuna de viaje, que no era la primera vez que viajábamos, oye.

Rumbo al sur. Primera parada Valladolid. Tramo de apenas dos horas para entrar en calor y de paso visitar a unos amigos. Comida en una bodega excelente cerca de Cigales y caminito para Salamanca. Como seguimos siendo mochileros de corazón, quisimos apañar la aventura a este viaje, así que teníamos pensado hacer noche en Salamanca pero no habíamos buscado hotel. ¡Mujer, cómo no va a haber un hotel disponible en Salamanca!. Pues no, no lo había. Nuestro instinto fiestero nos traicionó y nos había guiado a Salamanca en pleno fin de semana de su fiesta mayor. Así que allí nos plantamos, buscando donde dormir en mitad de un ambientillo que nuestra faceta adolescente agradecía disfrutar. Como casi todo en la vida, con dinero de por medio se arregla, y la noche salmantina nos salió por un ojo de la cara, pero bueno, es lo que tiene el riesgo de ir sin reservas, que suele ser un riesgo caro. Con un ojo menos pero con cama disponible, nos adentramos en la marabunta de la Plaza Mayor. Cena, copa, paseíto, y cierta nostalgia al atravesar la calle de los pubs sub-veinte al regresar al hotel. Mañana será otro día.

Y lo fue. Segundo tramo: Salamanca-Mérida. En nuestro planteamiento vacacional, como nos parecía demasiado ir hasta Cádiz sin parar, habíamos decidido hacer noche en Mérida, pero para esta ocasión, sí habíamos reservado hotel. Un apartamento coqueto, de excelente calidad y trato. No sé si fue que veníamos de una masificación de gente, o que hacía demasiado calor para salir a la calle, pero lo cierto es que al llegar a Mérida, a la hora de comer, parecíamos los únicos habitantes de la tierra. Aunque hacía calor, quisimos aprovechar y conocer el casco histórico de la ciudad. Carrito en manos y sombrilla preparada, nos plantamos en la puerta del conjunto histórico romano.

Perdón, ¿para ver el recinto, se puede con carrito de bebe?, Meeeecccc, error. Nunca preguntes al de la taquilla si le ves cara de amargado.

Si, sin problema.

Sacamos las entradas e intentamos seguir el camino marcado para Movilidad Reducida. No creo que muchas personas en estas condiciones puedan disfrutar del conjunto, porque lo que es accesible, accesible, no es. Intentamos que la sillita hiciera como un Transformer, nos inventamos a puro huevo como pudimos la tracción 4×4, y tiramos del recurso míralo tu y luego voy yo. Pero bueno, pasamos una agradable tarde de cuarenta grados sin sombra subiendo y bajando piedras para que al salir, nos indicaran que había una preciosa visita nocturna y encima, más barata. ¡Qué se le va a hacer!, las penas mojadas son menos penas, así que nos fuimos a tomar una caña para pasar el mal trago.

Según se oscurecía el cielo, la vida resurgía, y las plazas se fueron animando a medida que el calor daba una tregua. Mala elección para la cena, el sitio equivocado y la carne para olvidar. Paseo nocturno para refrescar el humor y terracita de treinteañeros para despedir la ciudad con buen sabor de boca.

Tal vez, en este relato te estés preguntando dónde está el Miniser. En todo momento a nuestro lado, o en nuestro brazo, observando, riéndo, durmiendo. Quedaba una semana, crucemos los dedos.

Viajar con mochila (parte I)

 

Me encanta viajar. Más que hobby es una necesidad. Descubrir nuevos lugares, nuevas experiencias. Siempre he creído que viajar es una manera de ampliar la mente, conociendo la forma de vida de una ciudad, su día a día, su cocina… Y por ese espíritu explorador y porque me junté con la reencarnación de Willie Fog, siempre que podemos viajamos como mochileros. Buscándonos la vida de una manera cuerda, por nuestra cuenta, sin programas ni agencias que nos digan que hacer a cada minuto. Un billete de avión a un destino y muchas horas de Internet anotadas en un cuaderno para saber al menos por donde andamos. Así hemos recorrido bastantes lugares: China, Argentina, Turquía, casi toda Europa, con ilusión en los ojos y la mochila en la espalda. Con la mochila…¡que ingenuos!.

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No sabíamos lo que era llevar mochila de verdad hasta que este año, hicimos nuestro primer viaje como padres. ¡El Miniser si que es una buena mochila!. Aquí te dejo nuestro cuaderno de bitácora:

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3m D.M. (Tres meses Después del Miniser). Primera toma de contacto turística. Destino: El Pueblo. Habían pasado tres meses desde el nacimiento, y aún había familiares que no le conocían. Ya era hora de ir a visitarles. Teníamos ganas de cambiar de ambientes, coger la carretera y desconectar de todos esos días en los que aún no sabíamos apenas por donde nos daba el aire. De todo eso teníamos ganas, pero además, teníamos otro objetivo oculto: ver cómo nos desenvolvíamos fuera de casa para planear las verdaderas vacaciones del año.

Nos reciclamos un poco con el Tetris, más que nada para poder meter en el coche todo lo que creíamos que íbamos a necesitar esos cuatro días de alejamiento del nido. Cuna de viaje, bañera hinchable, hamaca, ropa para parar un tren, pañales, el carrito, la sombrilla, el intercomunicador, el apiretal….Nuestras maletas, sí, esas también tenían que entrar. Conseguido, todo cargado y rumbo al pueblo. Cuatro horitas de viaje nos esperaban, que aunque en realidad se tarda menos, al ser la primera vez íbamos a velocidad crucero, teniendo la sensación de que en los asientos de atrás en vez de un bebe en el maxicosi iba una botellita de nitroglicerina. Bien, ningún problema. Paramos una vez y por paranoia nuestra porque el Miniser fue como un ceporrillo todo el camino.

Una vez en el destino, transcurrieron los días sin nada destacable. El Miniser un santo, ni le vieron llorar de lo bien que se portó. Comer, dormir, unas sonrisas, y vuelta a empezar. Cuatro días después, misma operación de encajables en el maletero y alrededores y otras 4 horas de carretera.

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Ya en casa hicimos resumen mental y verbal al deshacer las maletas: la cuna, inútil, ya que le metimos con nosotros en la cama todos los días. La ropa, no le pusimos ni la mitad de la mitad. Pañales y apiretal, prescindibles, porque sí, aunque nos cueste creerlo, también hay supermercados y farmacias más allá de nuestro barrio para comprarlo al llegar. Y así casi todo lo que habíamos llevado.

Pero lo importante: Objetivo cumplido, podemos ir de vacaciones como padres. Ahora, habrá que pensar a dónde.