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El Curioso caso del Pañal Falsificado

Lunes 17 de Febrero, 10:27 a.m. El Miniser había terminado su biberón del desayuno. Con la tripa llena y las comisuras manchadas como un león tras un festín, se dejó tumbar en la cama para que le cambiase el pañal y ya, quedarse como un rey. Entre canciones y notas mentales públicas, me dí cuenta que el cesto de los pañales estaba vacío. Abrí el cajón donde almaceno los suministros higiénicos y meeeeccccc, saltó la señal de haber entrado en reserva. Teníamos que ir a comprar antes de que me vea usando un trapo de la cocina atado con esparadrapo.

Seguimos en el mismo lunes, pero ya son las 17:35 p.m. Tras dar vueltas por el aparcamiento en busca de un espacio decente donde dejar el coche, donde pueda abrir la puerta trasera con holgura para sacar al Miniser sin descabezarle, y que a la vez, sacar el carrito del maletero no sea un enigma a resolver por físicos cuánticos, conseguí una plaza aceptable y nos disponíamos a entrar en Carrefour. Era una misión fácil: comprar la oferta de pañales que había visualizado en una propaganda. Llegamos, compramos, paramos a ver la oferta de toallitas, es bastante maja así que nos llevamos toallitas que nos van a durar hasta que el Miniser se saque el carnet de conducir por lo menos, ahora sí, pagamos y nos vamos.

Martes 18 de Febrero, 11:18 a.m. Mientras realizaba las tareas cotidianas, me disponía a colocar la provisión de pañales y toallitas que compré el día anterior y que aún seguían posadas, inexplicablemente, en la esquina de la habitación donde las dejé. Abrí el cajón de los suministros, ávido de mercancía. Coloqué las toallitas. Desprecinté la caja tamaño casa de protección oficial en la que vienen los paquetes de pañales. Cojí un paquete y noté algo raro, diferente, pero no supe decir el qué. Al rasgar el plástico que envolvía los pañales y  coger unos cuantos para proceder a su colocación, lo ví, supe que era esa sensación que flotaba en el ambiente y llamaba a mi mente reclamando su atención: los pañales NO TENÍAN NADA QUE VER CON LOS DE DODOT QUE YO HABIA COMPRADO. Eran más grandes, más duros, con dibujos diferentes. ¡Qué extraño!, pensé. Habrán cambiado de formato, no encuentro otra explicación. Seguí con la colocación de los pañales, pero a medida que los tocaba, menos convencida estaba de mi conclusión. Insatisfecha con el razonamiento que me había dado a mí misma, al terminar de colocar el primer paquete aparté la caja con el resto y me fuí a la cocina donde la lavadora me llamaba desde hacía rato con su pitido fin de ciclo. Había decidido no pensar más en ese pañal que no encajaba en el puzzle, pero no podía evitarlo. Con cada pinza que cogía la decisión de no quedarme con la duda era mayor, caí en la cuenta de que en niguno de los pañales raros venía inscrita la marca Dodot, cosa muy extraña en esa casa, así que sin terminar de tender la colada, decidí resolver el misterio. En este momento me entró otra duda atroz: para esta ardua tarea dudé si ponerme el traje de heroína justiciera o el de detective perspicaz. Ante la indecisión, me puse el chándal, que será menos glamuroso pero en comodidad no tiene parangón. Además, ya era hora de quitarse el pijama y para justiciera ya tenemos a mi amiga La Madre de la Naranja (si no conoceis su blog, ya estáis tardando, os aseguro que merece la pena). Ya arreglada pero informal, me senté ante la bola de cristal llamada Google y tecleé “Dodot”. Busqué fotos sobre pañales, foros en los que preguntaban sobre formatos, hasta que decidí que prefería ponerme roja de vergüenza una vez que cien verde de rabia. Marqué el teféfono que tenía en la pantalla y oí una voz:

Busca las diferencias

Busca las diferencias

– Buenos días, le atiende **** de Atención al Cliente de Dodot, ¿en qué puedo ayudarle?                                                             – Buenos días, quería hacer una consulta. Tal vez te parezca algo rara pero prefería no quedarme con la duda. El caso es que creo que me han engañado con la compra de unos pañales.

Y le conté todos mis interrogantes. Muy educadamente, me preguntó por formas, tamaños, texturas, difrencias que notaba, lugar de la compra, códigos de barras, números de lote…

– Bueno, estos números de lote que me ha dado la verdad que son bastante sospechosos, no corresponden a ninguno de nuestros productos. ¿Podría enviarnos fotos de estos artículos? -¿Fotos? ¡y lo que quieras reina! Con tal de que me aclares el misterio te doy hasta mi pin del móvil. Le envié las fotos solicitadas al correo que me facilitó, y con ellas envié además la esperanza de que no archivaran mi consulta sin responder, más que nada, porque la incertidumbre me mata.

Viernes 22 de Febrero, 09:46 a.m. Se iluminó la pantalla del móvil, “Desconocido”. Contesté sin ilusión esperando escuchar al otro lado alguna oferta megamentirosa sobre líneas telefónicas. -Buenos días, le llamo de P&G, hablamos el otro día por una consulta que realizó ¿me recuerda?. ¡Cómo no voy a recordarte si todavía tengo la caja aquí plantada sin tocar esperando la resolución!. -Sí,si, la recuerdo, dígame.                                                                       – Mire, hemos analizado las fotos y los datos que nos facilitó y no podemos afirmar que esos pañales no son de Dodot.

Lunes 24 de Febrero, 11:13 a.m. Entré por la puerta del centro comercial con el carro inusualmente lleno. Fui al mostrador de Atención al Cliente y expliqué todo lo sucedido a la persona que me atendía. Al mostrarla el pañal confirmó mis sospechas, ese pañal era de su marca blanca. –¡Qué cosa más rara!, quizá se hayan equivocado en el proceso de embalaje. Llamó a su encargado. -Nada, está claro, alguien ha pegado el cambiazo y se ha llevado los pañales caros y nos ha devuelto los baratos. Quizá. O tal vez, la marca en cuestión fabrica para ese supermercado y se equivocaron en la cadena de empaquetado. Tal vez. -¡Ya lo que hay que ver!, que la gente nos pegue el cambiazo en los pañales, porque seguro que ha sido eso. Si, puede ser. Lo que sé seguro es que con el dinero de vuelta en mi bolsillo, la próxima vez que compre un formato ahorro abriré la caja antes de pagarla, no me vayan a vender de nuevo gato por liebre.