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Leyes justamente injustas

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Hoy, lunes 31 de marzo, se sortea en la sala de un juzgado la conciliación familiar y laboral de dos compañeras de trabajo. Se presentarán los hechos, los alegatos y las opiniones, y según interprete el juez estas variables, una saldrá ganando y la otra perdiendo. Así es, las dos no pueden salir airosas.
Mi trabajo no apaga las luces. 24 horas las día, 365 días al año hay alguien realizándolo, sin importar si es de noche, un domingo de comuniones o la hora de la comida de Navidad. Siempre hay alguien, no se puede fallar. Tres turnos a cubrir en los que sí tu faltas, alguien tendrá que cubrir tu puesto, no puede quedarse un asiento vacío. Por eso en mi trabajo, la ley que ayuda a conciliar tu mundo familiar y laboral, desconcilia los mundos de las demás. El derecho que una madre tiene a concretar su reducción de jornada en un turno determinado, hace que sus compañeras tengan que realizar su horario en el resto de turnos disponibles. Así, varias quieren mañanas, otras tardes, otras noches, otras todo menos noches, otras mañanas no por favor… Y es normal pedir, todos pensamos «lo siento sí fastidio pero para que lo pidan otros lo pido yo», porque sí, porque sabemos que tarde o temprano alguien lo pedirá por mucho que intentemos convencernos de que hay que ser compañero e intentar no perjudicar. Porqué sí, porque al fin y al cabo trabajamos para vivir y preferimos escoger ser felices con nuestra familia que hacer felices a nuestras compañeras. Y las empresas que nos subrogan una y otra vez, comenten todas el mismo abuso, aprovecharse de esto desorganizando la vida del resto que no tiene a un menor que cuidar. Hasta qué llego un momento que la cuerda no dio más de sí. Que ya no había turnos para elegir, los cupos estaban cerrados, no se podía exigir más a quienes no tenían hijos. Así qué hubo quien vio su derecho negado por el simple hecho de haber parido más tarde que otra. Los juzgados decidieron que ya no había derecho a elegir porque sus hijos habían llegado después que otros que traían una concreción bajo el brazo.

Así, N. durante varios años, ha hecho valer su derecho a conciliar trabajo y familia acudiendo al trabajo solo por las mañanas. Ella sabía que al cumplir su hijo pequeño los ocho años debería volver a los turnos. Que el día llegaría, ineludiblemente un día de este mes de marzo.
Sin embargo, S. veía en marzo una luz de esperanza para comenzar a disfrutar de su familia. Podría pasar a ocupar los turnos de N., solicitar la concreción mañanera que quedaría disponible y ejercer el derecho que un día el juzgado la negó. Parecía fácil, intercambio de turnos, intercambio de conciliaciones, pero no fue así.
En octubre la empresa firmo a S. el documento donde se la concedía el turno de mañana a partir del 17 de marzo, una vez su compañera N. terminaba de ejercerlo por ley. Pero en diciembre, la ley se modificó, ampliándose este derecho de conciliación hasta los doce años del menor, en vez de hasta los ocho como hasta entonces. De esta manera, N. al comunicar que su concreción no terminaría en marzo de este año sino en el marzo de dentro de cuatro años, la empresa la comunica que no será así. Que independientemente del cambio de ley, ella ha de finalizar con esa conciliación ya que S. lo solicito antes del cambio de ley y debe hacer uso de su derecho.
¿Y ahora? Las dos tienen derecho, N. porque la ley que la amparado hasta ahora dice que puede ampararla cuatro años más. S. porque un documento firmado por la empresa le dice que a partir de esa fecha puede abrazarse a esa ley y disfrutar de su familia como el resto que ejerce el mismo derecho. Pero no hay mañanas para las dos. Sólo una conseguirá su objetivo. Ninguna esperaba este cambio en la ley pero las dos han visto sus vidas trastocadas por el.
La interpretación de un juez será la que incline la balanza. El criterio de una persona decidirá si N. sigue disfrutando de un derecho maternal o ha de comenzar a disfrutarlo S. Lo que yo opino es que habrá más de un perdedor. Ellas dos, porque su relación ya no será igual, aunque esta claro que quien trabaje de mañanas lo olvidara antes seguramente. Las mujeres que serán madres más adelante, porque no podrán pedir su conciliación al seguir ocupadas por las que tuvieron a sus hijos antes. Las madres que ya lo fueron pero llegaron tarde al reparto de conciliaciones. Las compañeras que no quieren o también, no pueden tener hijos, y ven como sus turnos bailan al son de los hijos de las demás. Cómo su vida es secundaria en lo que afecta a la organización laboral.
Demasiados perdedores. Demasiadas frustraciones.