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Estreñimiento

Atención: esta entrada contiene párrafos que pueden dañar su sensibilidad escatológica. Aunque sí eres padre o madre, supongo que lo de las cacas, lo tienes superado.

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Sobre parecidos no hay nada escrito. Depende de quien sea el fisionomista con el que te encuentras va a decir que tu retoño es igual que el padre, que su abuela, o que la amiga con la vas paseando pensando que es tu hermana. Todo depende de a qué parte de la familia conoce más, a no ser de esos casos en que el niño es una calcamonía de un familiar. En el caso del Miniser ocurre lo primero, que depende del ojo del que le observa, no está muy claro a que rama se parece, pero para su desgracia, sí sabemos en lo que se parece a mí, en su precoz estreñimiento.

bart en el bañoEn los primeros meses no había problema, con la lactancia materna el Miniser era un reloj. Hasta que un día no hizo nada, ni al siguiente, ni dos más allá. El estaba feliz y risueño, pero yo, que vivo en mis carnes la sensación de overbooking intestinal, me imaginaba que muy cómodo no podía estar. Así qué empezamos a escuchar los remedios caseros que nos iban dando los diferentes miembros de nuestro Pediatric Team Vip, léase abuelas, amigas con niños y cualquiera sin conocimientos del aparato digestivo pero que se encontraba cerca en el momento de comentarlo con algún miembro de los anteriores. Entre estos remedios encontramos por ejemplo: urgarle en el culete con una ramita de perejil mojada en aceite, que digo yo que tendría que ser muy fresco, para que la rama estuviera algo tiesilla. Misma acción pero con la punta del termómetro. Esta nos sonaba más, pero nos daba cosica, ya sabes, somos primerizos. Darle una cuchara de zumo de naranja en ayunas o usar un supositorio de glicerina.
Ante nuestra indecisión optamos por ir a urgencias, ya que tras siete días parecía que cada vez comía menos, cosa normal por otra parte, porque la frase de salir para dejar entrar no hay que aplicarla solo a los ascensores, y a no ser que tuviera una planta de reciclaje interior allí no había salido nada de ninguna manera. En urgencias nos dijeron que no tenía nada, y que era algo normal con la lactancia materna el no hacer deposiciones durante varios días. Que eso no se considera estreñimiento, siempre y cuando al hacerlo, sea blandito. El que las deposiciones sean duras es el verdadero estreñimiento, aunque se haga todos los días. Aún así, le estimularon con una canulita manchada en vaselina y al poco empezó a entrar en erupción, líquida y constante, sin prisa pero sin pausa. Nos recomendaron no hacer nada en casa si volvía a ocurrir, ni si quiera los supos de glicerina tan tradicionales ya que podíamos causarle alguna herida, y que acudiéramos de nuevo a urgencias si pasaban más de siete días, que allí volverían a hacerle la purga sin problema.

A los pocos días, en la revisión del pediatra, este nos dijo que ni hablar, que no dejásemos pasar más de tres días, que una cosa es que no sea grave y otra que el pobre se tire una semana empachado comiendo cada vez menos. Así que nos recomendó la glicerina en forma de minibalas o unos polvos llamados eupeptina, pero como tomaba el pecho ya era más rollo sacarme la leche porque el biberón no le hacia mucha gracia. Decidido, supositorios para lactantes.
Pasó otro ciclo de sequía y probamos. Como en el cambiador se movía mucho decidimos suministrarle la ayuda tumbado en el sofá. Se nos resistió un poco, para que te voy a engañar. El supo se nos escurría, no éramos capaces de que lo retuviera y terminaba deshaciéndose en nuestros dedos. Somos primerizos, acuérdate, y escuchábamos la voz de la residente de urgencias sonando en nuestra conciencia diciendonos que podíamos hacerle daño, algo que hubiera resultado muy difícil mientras no se lo pusiéramos en horizontal. Ya estaba. Misión cumplida. Ahora a esperar que hiciera efecto, pero ¿cuanto tiempo sería? ¿10 minutos? ¿1 hora? ¡¡¿¿Minuto y medio??!! ¡¡¿Sólo minuto y medio?!! ¡Corre, trae algo! Sí, que sí, que teníamos una toalla debajo de el, pero no era suficiente. Que empezó a brotar una lava descomunal que nos pilló desprevenidos. Digno de una peli gore fue expulsando los desechos acumulados sin descanso y con más rapidez que lo que recordábamos del hospital, y así evacuó, entre gorgojeos suyos, risas nuestras y papel de cocina, pañales y toallitas por toneladas que intercambiábamos bajo sus muslos, sostenidos en alto para poder recaudar mejor el premio gordo. Esa fue la primera vez, en la que pagamos la novatada. En las siguientes….bueno, no en todas nos habíamos licenciado ya. Pero la cosa mejoró y tras un mes y medio de tomas y dacas su tránsito se regularizó. Aunque seguimos sufriendo en silencio, o no tanto…

Han pasado unos meses y ahora durante un rato cada día se transforma. Baja las pestañas y cuando las sube ha pasado de formato .puntocaraabuelete a formato .puntoabueletegusiluz. La cara se ilumina de un rojo fosforito, las aletas de la nariz contrastan volviéndose de un blanco fantasmal indicando que allí ya no hay sangre. Los ojos acuosos te miran y yo creo que piden algo para leer y hacer el rato más ameno. Y empiezan los gruñidos. Como Nadal en un Master Augusta. Como un levantador de peso intentando batir su record. Un sonido gutural acompaña la iluminación de la cara y no hay duda, lo está intentando. Porque eso sí, intentarlo lo intenta, otra cosa es que lo consiga.

Habrá que leerle...

Habrá que leerle…

Si alguno bueno sacamos de esto es que sabemos que el Miniser es sincero, no te lleva a engaño. No es como con otros bebes que un tufillo delator te hace sospechar que tiene sucio el pañal, aunque ha podido ser  solo un aire mal acondicionado, y tienes que arrimar la nariz cual perro rastreador, y si aún así no te aclaras, echar una mirada robada a la zona cero. Este no. Con él tienes claro que hay que cambiar el pañal cuando se ha tirado más de cinco minutos empujando y te lo ha hecho saber encendiendo la cara como un intermitente y de un tiempo para acá, avisándome después. Claramente, Ca-Ca. Con lo que le ha costado ¡como para no saber lo que tiene en el pañal!

El pediatra dice que le de agua para mejorar el tránsito. -¿Vale zumo?, -no, mejor que se acostumbre al agua, -¿y mosto?, -no, que tiene mucho azúcar, -¿y una cervecita?, porque por la manera que mira los botellines el día que pille una la bebe del tirón. Nada, agua limpia y clara. Pues apañados vamos porque el niño ha salido de secano y dice que el agua estropea los caminos, así que o le obligamos con un embudo como a los patos para foei, o habrá que esperar a que sea un poco mas mayor a ver si hablando más se le seca la boca y le entra la sed. Mientras, seguiremos con nuestros apaños de botica de abuela, comiendo poca zanahoria, poco plátano, muchas frutas y verduras que hagan que las tripas no tengan que esforzarse mucho y para la motivación, probaremos con El Libro de la Caca, ¡un top ten de risas entre los más pequeños!

 

Parking, ¿se puede?

Hay cosas del día a día que usamos sin pararnos a pensar en como lo hacemos y mucho menos, en si todos pueden usarlas. Cuando pasas de ser independiente y ágil a convertirte en el cuerpo que empuja de un carrito de bebe, comienzas a tener otro punto de vista de muchos aspectos cotidianos, sobre todo, de la arquitectura civil que te rodea. Poco a poco aprendes qué calles de tu ciudad conviene rodear para evitar incómodas escaleras, cuáles son los rodeos que compensa dar con tal de ahorrarte empinadas cuestas que te hacen colocar a tu retoño a casi noventa grados del suelo, descubres que con los pujos se te instaló un metro en la pupila que te hace calibrar con precisión si el ancho de la acera que queda entre el coche mal aparcado y el cubo de la basura es suficiente superficie para que pasen las ruedas de atrás del cochecito. Y aprendes, si además de conducir coches de bebés conduces coches de adultos, qué parking tiene ascensor y cual no. Pero, ¿que pasa cuando esos ascensores se estropean?, o cuando no estás en tu ciudad ¿como sabes si te estás adentrando en un parking accesible?.
Vale que nunca había reparado en ello hasta ahora, pero más vale tarde que nunca. Y ahora que soy consciente de las limitaciones que podemos tener considero que es algo a tener en cuenta no solo para los padres con bebés sino y sobré todo, para personas con movilidad reducida.
parking libreLas primeras veces que cogí el coche tras dar a luz para ir al centro de mi ciudad, pensaba en que zona me convenía aparcar según mi destino, sin recordar que debía tener en cuenta el que el aparcamiento, si era subterráneo, debía tener ascensor para poder salir con el carrito. En más de una ocasión, nos olvidamos de esto, viendonos obligados a salir andando por la salida ordinaria de coches, con el peligro que conlleva y con varias amonestaciones del personal. Otras veces, la solución ha sido “sube el carrito a pulso que yo cojo al niño en brazos y vamos por las escaleras”. Incluso un día, en el que iba sola con el Miniser, tras meter el coche en un aparcamiento que sabía que tenía ascensor, después de haber sacado-desplegado toda la infraestructura de paseo y frente a la puerta del ascensor leer un cartel de “Fuera de servicio”, el plan de salida fue desmontar el chiringuito, montarme de nuevo en el coche y con resoplidos malhumorados marcharnos directamente a otro parking.
Y pregunto yo, ¿tan difícil es poner un cartel indicativo en la entrada de estos aparcamientos subterráneos? Todos y cada uno cuentan con una señalización que te indican si hay o no plazas disponibles, ¿por no acompañan esta señal con una que indique la existencia o no de ascensor o de que está adaptado para personas de movilidad reducida?
Claro que casi todos tenemos los de nuestra ciudad localizados, pero muchas veces nos podemos encontrar en otras localidades que no conocemos y aunque actualmente lo normal es que la mayoría dispongan de ascensor, la realidad es que no todos lo tienen. Y ya sabemos como funciona el amigo Murphy, basta que lo necesites, para que entres en el único de la ciudad que no lo puso.
no uses ascensorPor eso, suplico que alguien invente una señaslizacion para acompañar a ese solitario letrero de Libre/Completo, un humilde indicativo que informe sobre si ahí se dispone de ascensor y ya, si no fuera mucho pedir, que pueda indicar que están rotos cuando así ocurra. No es un capricho de mamá aburrida que no sabe sobre que protestar, es una llamada de atención para que mejoren la accesibilidad de una gran diversidad de usuarios: personas con movilidad reducida, ancianos, personas limitadas temporalmente (con muletas por una rotura accidental, por ejemplo).

Seguramente hay muchos casos en los que alguien, de la condición física que sea, necesita usar un ascensor por una razón de más peso que la vagancia de subir escaleras.

Un engaño de la leche

En la última semana se han dado una serie de coincidencias que me han hecho abrir los ojos. La primera fue una conversación con una amiga, que se ha convertido en madre primeriza hace dos meses. La conversación en sí surgió ante su duda de cuál era la diferencia en las leches de fórmula para que sus precios variaran tanto de una marca a otra. Dos días después, haciendo la compra en el súper me dí cuenta que el Miniser pronto cumplirá un año, momento en el que puede cambiar la leche de continuación por otra, pero ¿por cual?. Y la coincidencia desencadenante que ha puesto mi mundo lácteo patas arriba fue el que un amigo colgase de su muro de Facebook un artículo sobre la intolerancia a la lactosa y que según el que lo firmaba, los adultos de raza humana no deberíamos consumir ese producto. Cuando terminé de leer esa información, mis dedos cobraron vida y comenzaron a teclear en busca de información. Y esto es lo que encontré…

Los aparatos digestivos de los bebes no pueden metabolizar la leche de vaca por la cantidad de proteínas que tiene, demasiadas por miligramo para sus pequeños riñoncitos, por eso, la sabia naturaleza nos llena como fuentes a las madres de una leche digestiva, nutritiva y perfecta para alimentar a nuestra manada. Pero como no hay nada perfecto, hay madres que no pueden, o no quieren (no vamos a juzgar las circunstancias ni las decisiones de nadie) dar el pecho a sus hijos, por lo que recurren a las llamadas Leches de Fórmula. Estas leches en realidad son leche de vaca procesada, sí, esa leche de vaca que tanto daño hace a un lactante. Podrían fabricar las leches de fórmula con leche de burra o de cabra, cuya composición es más parecida a la leche materna, pero no, porque la leche de vaca es más barata. Así que lo que hacen es quitarle la mayor parte de proteínas a la leche de vaca para que no haga daño al metabolismo del bebe. Hasta ahí vale. El problema empieza cuando la ley prohibe en muchos países, incluido España, hacer publicidad de este tipo de leche para promover la LM (Lactancia Materna). ¿Qué hacen las grandes marcas? Pues sacarse de la manga otra leche más para que si por desconocimiento, caes en las garras de la naturaleza y optas por dar el pecho a tu hijo, tarde o temprano te sientas obligada a gastarte las perras en un producto suyo. ¿Que le vas a dar la teta? Tranquila, que ya comprarás mi leche, ya comprarás.

leche crecimiento

 

Se han sacado de la manga toda una serie  de gamas de leche. Tenemos la Leche de Iniciación (la Tipo 1), para bebes de 0 a 6 meses. Al cumplir el medio año pasamos a darles Leche de Continuación (tipo 2), y  a partir del año cumplidito, aquí viene el engaño, nos venden la moto de que necesitan un montón de proteínas, ácidos grasos y un montón de siglas indescifrables que sólo obtendremos en su Leche de Crecimiento (la que lleva el 3), la única que sus cuerpecitos pueden digerir sin problemas. Pues bien, esto es falso.

Según la OCU, un refrente en cuanto a estudios de mercado y a decir verdades saludables, la Leche de Crecimiento es una estafa y además, poco sana para los niños. Esta organización nos informa que lo recomendable es hacer una transición de leches progresiva, es decir, si optamos por LM una vez acabada esta (o como fue en mi caso a partir del sexto mes, por falta de suminstro en mis depósitos, optar por lactancia mixta) comenzar a introducir siempre la leche de Iniciación, aunque sea un sólo bote. De ahí, y dependiendo de los meses del niño, pasar después a la leche de continuación. Pero al cumplir el año, y por mucho que nos intenten convencer, es mejor pasar a la leche de vaca comercializada, la de brik que bebemos cualquiera de nosotros antes que pasar a la de crecimiento (tipo 3). . Leche de Crecimiento caca.

En un estudio exhaustivo de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria  fueron analizadas 15 de las marcas más vendidas de leches de crecimiento, y detectaron que tienen demasiadas calorías, hasta 3 veces mas que la de vaca y sin embargo, menor valor proteíco. ¿Y para qué le siguen quitando proteínas si los bebes de más de un año ya las pueden metabolizar? Pues para abaratar costes, porque el proceso ya le tienen hecho de la elaboración de las tipo 1 y 2. A la de tipo 3 para que se adapte algo más a las necesidades del niño le añaden un montón de aditivos, azúcares y proteínas extras sacadas artificialmente. Además, tienen azucares añadidos como sacarosa o azúcar común para mejorar su sabor, cuando en la leche de vaca sólo existe la lactosa propia de la leche. Estos añadidos se han encontrado en mas del 60% de las marcas analizadas. Las ofertan enriquecidas con vitaminas, las cuales no necesitan porque ya toman otros alimentos en una dieta cada vez más variada, informan que aportan calcio, pero tienen menos que las de vaca. Vamos, que lo que tienen de más el niño le obtiene de otros alimentos que ya han sido introducidos en su dieta, pero que un exceso de estos, por ejemplo, de vitaminas, tampoco es saludable.

Vamos, que con las leches de crecimiento no aportamos más nutrientes a los niños que con la leche de vaca y sin embargo, les cebamos como a patos, pudiendo incluso perjudicarles por un exceso de vitaminas y azúcares que no necesitan en tal medida.

Sabiendo ahora todo esto, a partir del mes que viene creo que el Miniser va a saber lo que es un buen vaso de leche, de verdad.

*sí, viene en inglés y yo no tengo ni idea, pero con el traductor de Google puedes apañarte medio bien si andas de idiomas regulero.

 

¿Tendrá estrabismo?

Hace  más o menos un mes, nos encontramos en una visita al pediatra con que su doctora habitual no estaba, y la persona que le sustituía observó que el Miniser metía un ojo. ¿No os habeis dado cuenta?, nos preguntó extrañada. Pues la verdad es que no, ni nosotros, ni la familia, ni los dos pediatras por los que ha pasado hasta ahora en las revisiones. Pero oye, que puede ser. Así que nos derivó al especialista, y nos pasamos treintaypico días con miradas furtivas a ver si le pillábamos torciendo el ojo.

Ya fuimos al oftalmólogo, y salimos de dudas. Con unas explicaciones muy sencillas y un par de pruebas en quince minutos escasos nos confirmó que no, que el niño no tiene estrabismo. Fué tan amable y conciso, que si quieres, aquí abajo tienes la explicación y un truquillo para saber si alguien tiene estrabismo, por si en ocasiones, has dudado que tu retoño (o tu contrario) pueda estar afectado.

Lo primero que explicó, es que durante los seis primeros meses de vida de un bebé, casi siempre, se da un estrabismo transitorio, esto es debido a la inmadurez de la visión binocular, o lo que es lo mismo, que los pobrecitos no saben enfocar con los dos ojos a la vez y por eso a veces parece que tiene un ojo mirando a Cuenca y el otro a Lugo. A partir del medio año, aproximadamente, ya sabemos que cada niño es un mundo, este estrabismo transitorio desaparece, pero puede aparecer desde entonces y hasta los dos años mas o menos, un pseudoestrabismo, cosa normal en casi todos los lactantes o menores de dos años.

Este pseudoestrabismo es la falsa sensación que tenemos los adultos de que el peuqeñajo mete un ojo, cuando en realidad no es así. ¿Por qué nos puede parecer que tiene este pseudoestrabismo? Fundamentalmente por dos causas:

la primera es porque los bebes tienen el puente nasal chato. Al no tener un tabique como los mayores que les haga de tope visual, a veces puede parecer que miran tan de lado que les da vuelta el ojo. A medida que su nariz crezca, que esperemos que no en exceso, esta sensación óptica por nuestra parte desaparecerá.

la segunda causa por la que pueden padecer este pseudoestrabismo es por tener  amplio epicanto. ¿Te suena de algo? A mí tampoco, pero ya verás que cosa más sencilla es. Simplemente, es que desde el puente nasal hasta el ojo, parece que tienen un exceso de piel, y se forma un repliegue cutáneo que parece que tapa el lagrimal. Por eso, a medida que crece la nariz, la piel que queda entre el puente nasal y los ojos se estira y muestra mejor el canto interno del ojo. Este fenómeno es muy común en bebés por la morfología de sus caritas, como lo es también en personas de raza asiática, por eso a veces lo llaman pliegue oriental.

Diferentes grados de estrabismo

Diferentes grados de estrabismo

Para comprobar si alguien tiene o no estrabismo, una prueba fácil de imitar en modo andar por casa, es hacer el Test de Hirschberg, prueba que es más fácil realizar que nombrar. En la consulta la pueden hacer de diferentes maneras, pero básicamente y para salir del paso en casa, consiste en enfocar con una luz a los ojos del sujeto, con una luz no muy fuerte, se entiende, no vayamos a dejarle ciego. Cuando mira de frente, el reflejo de la luz debe ser simétrico en la córnea, es decir, tiene que aparecer en el mismo punto en los dos ojos, eso significa que trabaja y enfoca con los dos ojos por igual y no hay estrabismo. Si el reflejo no coincide en la misma zona de los dos ojos, aunque veamos que los dos ojos miran en la misma dirección, sí que puede existir, no obligatoriamente, una diferencia del trabajo ocular en los ojos, puede que enfoque más con uno que con otro, por lo que sería conveniente llevarle a un profesional y que confirme o desmienta nuestro experimento casero. Mira aquí al lado, ¿ves en la foto como el reflejo es cada vez menos simétrico?

Si quieres una explicación adicional, clara y entendible,pásate por este blog donde explican muy bien y muy rápido en que consiste esto del falso estrabismo.

Feliz fin de semana!!

La única madre del mundo

Hay un fenómeno social que afecta a una parte de la población femenina que se convierte en madre (masculina también, pero en casos aislados). Se trata del fenómeno que he denominado “No hay más madre que yo”. Las afectadas por este síndrome por lo general tiene antecedentes de otros similares, como “Soy guay y tú no”, “Te pego mil vueltas en todo” o el terrible y desesperante “Yo soy lo más”. Con esto, me refiero a aquellas amigas, algunas simples conocidas, que a lo largo de la vida siempre creen estar por encima de la mayoría, o por lo menos, por encima de tí.  Son aquella  que cuando tú aprobabas por fin en septiembre esas matemáticas que te tenían amargada ella te decía si es que están tiradas, yo saqué un sobre a la primera. Aquella que cuando tú te echaste novio formal, ella ya había tenido cinco suegras que la querían mogollón. Esa que en el día de tu boda te decía que todo era precioso pero que la gustaba más lo que ella regaló o te da opciones de menú mejores por si vuelves a casarte. Sí, esa amiga petarda, que contra todo pronóstico, aún la sigues viendo, seguís quedando y a pesar de todo y de todos, la sigues apreciando.

Este tipo de mujeres, son las que una vez convertidas en madres, se enferman del síndrome que te comentaba, el “No hay más madre que yo”.  Una conversación con ellas se convierte en un ego-monólogo sobre lo buena madre que es y lo superguapos y perfectos que son sus hijos. Suelen mantener otros síndromes pasados, por lo que aunque tú intentes cambiar de tema, ella (o ellas, si conoces a más de una), te restregarán lo bien que saben hacer esa receta que la comentas, lo bien que saben comprar en rebajas y lo estupendas que se han quedado sin hacer nada de nada de ejercicio.

Pues con una amiga de toda la vida que ha pasado por varias de estas enfermedades con fluctuencia de sus síntomas, me encontraba yo hace dos días tomando un café. Ella tiene dos retoños, niño y niña, el canon de lo ideal (según ella). Cuando nació SuMayor, yo aún no tenía ni en los planes de planear futuros planes el tener hijos. Así que a medida que sus ego-monólogos maternales se hacían más y más grandes, y con cada quedada me daba una masterclass de maternidad por mi bien futuro, yo perfeccionaba la técnica de supervivencia desconexión irreal, léase, saber sonreír y escuchar en mi cabeza mi voz en off cantando cualquier estribillo de moda mientras asiento sin enterarme de nada.  La técnica me funcionaba, hasta que las hormonas me la echaron abajo. Estas hormonas traicioneras que demolieron mi manera de evasión mental, aparecieron en el momento en que por casualidades de la vida, nos quedamos embarazadas a la vez, ella de SuPequeña y yo del Miniser.

bla bla blaYa te puedes imaginar cómo discurrieron los escasos encuentros que tuvimos durante el embarazo de ambas: sin preguntar ya me daba todo tipo de explicaciones sobre qué sentiría, cómo,cuando y dónde, y si no lo vivía así, es que yo algo no estaba haciendo bien. Durante esos meses, como nos vimos poco y mis niveles de felicidad rebosaban tanto que todo lo veía en rosa fucsia, la verdad que poco me importaba las cátedras que intentaba sentar en mí, aunque reconozco que mi subconsciente ya empezaba a rebelarse con un hartazgo cada vez mayor. Tuvimos los partos con un mes de diferencia, margen más que suficiente para que durante estos once meses, y pese a mis intentos de escapada, cada vez que nos hemos visto haya creado una competición (sólo por su parte) entre nuestros dos retoños.

Y en el segundo puesto de esa competición, me encontraba hace dos días, cuando la dije que sí a esa tarde de café, con la esperanza de que hubiera sanado un poco del síndrome. Pero no, no fue así.

-¿Y ya anda?

-Empieza ahora, va haciendo sus pinitos…

-Porque la mía sí, no veas cómo corre, y salta, va a ser atleta, como su hermano. ¿Y habla?

-No, el muy truán no dice mamá, sólo dice pap…

-Pues la mía sí, parece un lorito, normal, su hermano también habló desde muy temprano. ¿Y ya tiene dientes?

Ahí está la mía, pensé, ahora te vas a enterar. -Pues sí, le salieron muy pronto, antes de los cinco meses, y ya tiene ocho dientacos. –A ver que dices ahora, ¿qué la tuya nació mordiendo un bocata de chorizo? já.

¿Tan pronto?, pues eso es malísimo, te lo digo porque una vez leí… Y ahí ya me saturé. Cuando comenzó con una tesis sacada de vete tú a saber que rincón de esa mente que nunca en la vida leyó más que las etiquetas del champú, mis hormonas traicioneras echaron abajo el infranqueable muro de indiferencia que habitualmente levantaba durante la conversación, sacando de mi interior esa leoncilla maternal en defensa de su cachorro.

Ahí me dí cuenta que la maternidad también había cambiado mi manera de razonar, antes era más transigente cuando infravaloraba mis cosas, pero que siempre quiera dejar por debajo a mi pequeñín…eso sí que NO!. Así que la dejé, que siguiera, dejé que me explicara todo lo que hacen sus niños, y lo que ella espera de ellos mientras yo planeaba mi venganza. Y fué entonces, al compás de un ¿no te parece? cuando dejé de escuchar, de esperar y de aguantar. Fue cuando mis hormonas que gritaban desde las entrañas salieron a flote, acompañadas de unas tranquilas palabras:

-Mira, lo que me parece, es que tus hijos sabrán hacer muchas cosas que tú te empeñas en que aprendan rápido a hacer y en que demuestren que son los mejores. El mío, que haga lo que quiera cuando le apetezca hacerlo, porque lo que él sabe y sabrá siempre, es que LE QUEREMOS SEA COMO SEA, no necesitamos que sea el mejor porque para nosotros, YA LO ES.

Y así, sin más tiempo que perder, me levanté y carrito en mano pagué los cafés, saliendo por la puerta sin moletarme en decir adiós. Y fíjaté, juraría que el Miniser, además de regalarme una sonrisa, me guiñó un ojo.

Trata con respeto

El truco del azúcar

Para despedir la semana laboral, hoy te cuento un truquillo para aliviar esos coscorrones traicioneros que inevitablemente todos los niños se hacen alguna vez. Si tu pequeñajx se da un golpe en la cara/cabeza, además de calmarle como tú sabes, rápidamente humedécele la zona con agua fresquita y a continuación, aplica en la piel húmeda azúcar, sí, azúcar normal, del blanco de toda la vida. Déjaselo ahí pegado, aunque te parezca un pringue la primera vez. Verás cómo así, evitas que tenga ningún tipo de hinchazón ni cardenal.

Ya sé que es más cómoda y menos pringosa la barra de árnica, pero este truco de abuela es muy válido para todas esas ocasiones en las que la milagrosa barrita se ha acabado-no la encuentras-te la olvidaste en otro bolso-o cualquier situación donde no puedes echar mano de ella por el motivo que sea.

Miniser tras exploración de cajones

Miniser tras exploración de cajones

Si lo pruebas un día y te convence el resultado, ya verás como un sobre de azucarillo se vuelve elemento  indispensable en esa maleta maternal que llevas por bolso.

Que pases un buen fin de semana!!

Avería en el coche

No soy una gran conductora ni tengo a mis espaldas kilómetros para fardar. Mi primer y único coche fue dulcemente adoptado con 10 años cuando mi suegro decidió que quería algo más acorde a su señorial edad. Nos llevamos bien, el coche y yo, (que con mi suegro también) yo no le incómodo con constantes intromisiones en sus motores e intimidades y él, pacientemente, me lleva, me trae y de vez en cuando, pide un cambio de aceite y poco más. Pocas veces se ha enfadado conmigo negándose a llevarme, y cuando ha ocurrido, no me he parado a pensar en como resolver el asunto más que llamando a la grúa. Hasta la semana pasada. Hasta hace seis días en los que una tarde agradable, de café y charla en casa de una amiga mi “Volvete” llamo mi atención para decirme “Ahora cuídame que ya no estás sola”. Y era cierto. Estaba con el Miniser, como las veinticuatro horas de cada día, y el Volvete se negó a arrancar.

coche averiadoEl marido de mi amiga, de la dueña de la casa donde estábamos, intentó resucitarle con las pinzas. Pero nada. Tras los intentos de RCP (Reanimación del Coche Parado), unos escuchamientos del intento de arrancar, y tres vistazos al motor, ya tenía el posible diagnóstico: ha fallado la puesta en marcha, a veces las patillas se traban…. No escuche más. Mi mente enlazaba ideas fugaces, no es la batería-de aquí le saco en grúa-como me llevo al Miniser hasta casa-hay que cargar con la silla-y con el carrito-las averías con niños son más averías. Y es que claro esta, si vas sola, o con otra persona que al menos se sostenga de pie el trastorno es menor que sí tienes que hacer el trasvase con un bebe de diez meses, porque vayas como vayas, seguro que vas cargada hasta los topes.
El seguro me ponía un taxi, pero claro, tenía que desanclar la silla de seguridad, montarla en el taxi, que era lo de menos, porque lo de más era que una vez en la puerta de casa carga con ElNiño, el carrito, la silla, las dos bolsas de Carrefour cargadas d libros que justamente llevaba ese día, una bolsa que estaba en el maletero con ropa para descambiar…No era buen plan. Mi amiga se ofrecía a llevarnos pero al llegar a mi portal el problema era el mismo y aunque la solución tenía una variable más, que me ayudara mi amiga, mi mente visionaria veía más allá de las siguientes dos horas y ya estaba pensando en como ir a recoger el coche al taller una vez arreglado con la sillita a cuestas. Ya se que no es tan complicado, que lo fácil hubiera sido que sí, que me acercara a casa y luego ya veremos, pero mi cabeza estaba bloqueada por un solo pensamiento que como si un eclipse nublara la coherencia que me quedaba: si el coche había muerto, ¿había fallecido con él mi excedencia laboral? Todo giraba en torno a cuanto costaría arreglarlo, si se podía arreglar, que los años de los coches son como los de los perros y este,  ya tenía 16 que por 7 son muchos, demasiados. Y si la broma era gorda, tanto como comprar coche nuevo, tal vez no podría continuar con los planes de quedarme en casa con el Miniser y tuviera que incorporarme al nido de frustración.

Aquí el de la grúa

Aquí el de la grúa

Entre congojas mentales y sonrisas de disimulo llego la grúa, y mi cuñada, que la llamé in extremis para interpretar el papel de rescatadora y transportadora de las pertenencias del Miniser, Miniser incluido. El señor gruista dió el mismo veredicto que el marido de, y aportó la misma solución momentánea, arrancarlo en cuesta para despegar la patilla maldita pero luego No apagarlo hasta llegar a un taller.
Coche arrancado cuesta abajo y en punto muerto, Miniser traspasado con sillas, carritos y media casa al coche rescatador, no vaya a ser que se me vuelva a quedar de camino el coche muerto matao, y en filita hacía el taller, con los dedos cruzados y la calculadora a mano.
Tres días después me dieron el diagnóstico final: el antirrobo estaba sucio. Total quince eurillos. Un respiro más hondo que las profundidades del mar se llevó todas las preocupaciones que me habían rondado hasta ese momento. Dejando esas dudas paso a una conclusión que cada día arraiga más en mi mente, y comienzo a repetirme como un mantra por mi salud física y mental: hay que andar más, sin coche puedo vivir, hay que andar más, sin coche puedo vivir…

Vamos a ir mentalizándonos, por si las moscas…