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Avería en el coche

No soy una gran conductora ni tengo a mis espaldas kilómetros para fardar. Mi primer y único coche fue dulcemente adoptado con 10 años cuando mi suegro decidió que quería algo más acorde a su señorial edad. Nos llevamos bien, el coche y yo, (que con mi suegro también) yo no le incómodo con constantes intromisiones en sus motores e intimidades y él, pacientemente, me lleva, me trae y de vez en cuando, pide un cambio de aceite y poco más. Pocas veces se ha enfadado conmigo negándose a llevarme, y cuando ha ocurrido, no me he parado a pensar en como resolver el asunto más que llamando a la grúa. Hasta la semana pasada. Hasta hace seis días en los que una tarde agradable, de café y charla en casa de una amiga mi “Volvete” llamo mi atención para decirme “Ahora cuídame que ya no estás sola”. Y era cierto. Estaba con el Miniser, como las veinticuatro horas de cada día, y el Volvete se negó a arrancar.

coche averiadoEl marido de mi amiga, de la dueña de la casa donde estábamos, intentó resucitarle con las pinzas. Pero nada. Tras los intentos de RCP (Reanimación del Coche Parado), unos escuchamientos del intento de arrancar, y tres vistazos al motor, ya tenía el posible diagnóstico: ha fallado la puesta en marcha, a veces las patillas se traban…. No escuche más. Mi mente enlazaba ideas fugaces, no es la batería-de aquí le saco en grúa-como me llevo al Miniser hasta casa-hay que cargar con la silla-y con el carrito-las averías con niños son más averías. Y es que claro esta, si vas sola, o con otra persona que al menos se sostenga de pie el trastorno es menor que sí tienes que hacer el trasvase con un bebe de diez meses, porque vayas como vayas, seguro que vas cargada hasta los topes.
El seguro me ponía un taxi, pero claro, tenía que desanclar la silla de seguridad, montarla en el taxi, que era lo de menos, porque lo de más era que una vez en la puerta de casa carga con ElNiño, el carrito, la silla, las dos bolsas de Carrefour cargadas d libros que justamente llevaba ese día, una bolsa que estaba en el maletero con ropa para descambiar…No era buen plan. Mi amiga se ofrecía a llevarnos pero al llegar a mi portal el problema era el mismo y aunque la solución tenía una variable más, que me ayudara mi amiga, mi mente visionaria veía más allá de las siguientes dos horas y ya estaba pensando en como ir a recoger el coche al taller una vez arreglado con la sillita a cuestas. Ya se que no es tan complicado, que lo fácil hubiera sido que sí, que me acercara a casa y luego ya veremos, pero mi cabeza estaba bloqueada por un solo pensamiento que como si un eclipse nublara la coherencia que me quedaba: si el coche había muerto, ¿había fallecido con él mi excedencia laboral? Todo giraba en torno a cuanto costaría arreglarlo, si se podía arreglar, que los años de los coches son como los de los perros y este,  ya tenía 16 que por 7 son muchos, demasiados. Y si la broma era gorda, tanto como comprar coche nuevo, tal vez no podría continuar con los planes de quedarme en casa con el Miniser y tuviera que incorporarme al nido de frustración.

Aquí el de la grúa

Aquí el de la grúa

Entre congojas mentales y sonrisas de disimulo llego la grúa, y mi cuñada, que la llamé in extremis para interpretar el papel de rescatadora y transportadora de las pertenencias del Miniser, Miniser incluido. El señor gruista dió el mismo veredicto que el marido de, y aportó la misma solución momentánea, arrancarlo en cuesta para despegar la patilla maldita pero luego No apagarlo hasta llegar a un taller.
Coche arrancado cuesta abajo y en punto muerto, Miniser traspasado con sillas, carritos y media casa al coche rescatador, no vaya a ser que se me vuelva a quedar de camino el coche muerto matao, y en filita hacía el taller, con los dedos cruzados y la calculadora a mano.
Tres días después me dieron el diagnóstico final: el antirrobo estaba sucio. Total quince eurillos. Un respiro más hondo que las profundidades del mar se llevó todas las preocupaciones que me habían rondado hasta ese momento. Dejando esas dudas paso a una conclusión que cada día arraiga más en mi mente, y comienzo a repetirme como un mantra por mi salud física y mental: hay que andar más, sin coche puedo vivir, hay que andar más, sin coche puedo vivir…

Vamos a ir mentalizándonos, por si las moscas…

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