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Hoy te Re-Cuento: Los Tres Cerditos

Nunca he sido muy de princesas, hadas y demás tutús. Pero sí he sido de cuentos, de libros, de de devorar historias sobre el papel e imaginar relatos fantásticos. Así que ahora, esto sumado a que considero que a veces los cuentos tradicionales están un poco obsoletos y que el Miniser aún no es un gran crítico literario, doy rienda suelta a mi imaginación y a mi indignación versionando a los clásicos. Hoy te re-cuento uno de los favoritos del Miniser, Los Tres Cerditos. Y mi versión, comienza así…

Érase una vez, no hace mucho tiempo, sin ir más lejos, la semana pasada, que me encontré con Peppa Pig en el mercado. Nos saludamos, nos preguntamos por las familias y ella me contó lo que recientemente les pasó a sus primos Los Tres Cerditos:

Los primos de Peppa eran tres hermanos que a pesar de haber pasado ya de los treinta aún seguían viviendo con los padres. Vivían en armonía, pero los padres de los cerditos tenían ganas de un poco de espacio para ellos y de que sus hijos aprendieran a valerse por sí mismos. Así que un buen día, con palabras cariñosas, les animaron a independizarse. Como estábamos en crisis y los precios de los pisos habían caído en picado pensaron que encontrar un nuevo hogar sería fácil, pero en realidad no fue así. Tras buscar y buscar una casa para cada uno, Benja, que así se llamaba el cerdito pequeño, decidió quedarse con una parcelita pequeña que había encontrado. No tenía apenas dinero porque estaba de becario y con su sueldo no le llegaba para casi nada, así que no lo pensó más. Recogió sus cosas, unos cuantos carretillos de paja y se dispuso a construir su hogar.

– Si sólo usas paja para construir tu casa el Lobo puede venir y atacarte Benja. – Le dijo su hermano mayor. -¡Qué va! -contestó el cerdito menor –con esta paja me vale. Sólo quiero la casa para estudiar el máster que estoy haciendo y pasar un rato con los amigos, el resto del tiempo, seguiré estando en casa de los papás. Además, ¿quién teme al Lobo Feroz?. Y allí dejaron al pequeño de la familia, colocando la paja para formar las paredes de su morada y pendiente del whastapp porque era jueves y pensaba salir con los amigos.

tres cerditosEl cerdito mediano, que se llamaba Segundo, encontró una parcela al lado de su hermano Benja. Tampoco podía gastarse mucho dinero porque hacía poco le habían echado de la fábrica con un ERE injusto, pero quería algo más acogedor que la paja porque tenía intención de casarse con su novia y formar un hogar. Así que reunió un montón de madera, y con un poco de maña y unos cuantos muebles de Ikea se construyó una casita acogedora. –No es lo suficientemente robusta  -le recriminó el cerdito mayor.  –Yo creo que está bien -contestó Segundo –además, como dice Benja ¿quién teme al Lobo Feroz?

Armando, que así se llamaba el cerdito mayor, quería proteger a sus hermanos. Así que comenzó a construir su casa en la parcela vecina para tenerles bien vigilados. Él sabía lo que hacía,  era albañil autónomo y con paciencia y esmero, fue construyendo los pilars, las vigas, las paredes, con ladrillos y piedras para evitar que el Lobo pudiera entrar en su casa. Los días pasaban, y cada tarde Benja y Segundo al terminar de comer en casa de sus padres acudían a casa de su hermano mayor para ver avanzar la obra. Como estaban ociosos, se pasaban el rato tocando instrumentos y practicando para un grupo de música que querían montar. Mientras, Armando les miraba y resoplaba porque con cada gota de sudor que le resbalaba por la frente, más convencido estaba de que sus hermanos eran un poco vagos.

Pasó el tiempo, y un día que Benja estaba tranquilamente en casa afinando la guitarra, llamaron a la puerta. Toc toc.¿Quién es?. –Soy el Lobo Feroz, el dueño de esta parcela. No has pagado la hipoteca así ábreme la puerta o soplaré y soplaré y tu casa derribaré. El cerdito menor no abrió la puerta, y temblando, miraba entre dos briznas de paja esperando ver la llegada de alguien de Stop Deshaucios, pero nada. No había nadie que acudiera en su ayuda. El Lobo emezó a soplar y soplar y las endebles paredes de paja comenzaron a desmoronarse. Benja no esperó a ver qué ocurría después, corrió y corrió a casa de su hermano mediano pidiendo auxilio.

Abre Segundo, ábreme, que viene el Lobo dispuesto a comernos.

Segundo abrió la puerta, dejó pasar a su hermano pequeño y entre los dos, comenzaron a cerrar ventanas, apostillándose en una rendija entre dos maderos para ver al Lobo. Éste llamó a la puerta, y con voz profunda gritó: -ábreme la puerta de esta casa que no has pagado, o soplaré o soplaré y tu casa derribaré.

lobo feroz No te preocupes Benja -dijo con voz calmada Segundo –esta casa es más fuerte que la tuya y no podrá derribarla de un soplido. Pero estaba equivocado. El Lobo comenzó a soplar y soplar y las maderas empezaron a tambalearse avisando que pronto cederían a la fuerza del aire. Los dos cerditos salieron despavoridos con el firme propósito de llegar pronto a la sólida casa de su hermano mayor, donde esperaban, el Lobo no pudiera alcanzarles.

-¡Armando, Armando, abre corriendo por favor!. -Los cerditos golpeaban la robusta puerta de su hermano mayor asustados. Armando, que había visto lo ocurrido por la ventana, ya estaba preparado. Abrió la puerta a sus hermanos y echó siete cerrojos para sellarla bien. Al poco rato, el Lobo Feroz llamó a la puerta. Toc toc.Abre cerdito esta puerta ahora mismo. -No tengo por qué -respondió Armando -esta es mi casa, estoy al día con los pagos de la hipoteca y con los IVAS de Hacienda. -Me da igual -vociferó el Lobo -quiero comerme a tus hermanos porque me han hecho correr y tengo mucha hambre. -Pues ya puedes pedirte algo de comida porque aquí no te vas a comer a nadie. -Pues soplaré y soplaré y tu casa derribaré. Pero el Lobo sopló y sopló,y por más esfuerzo que hacía, aquellas fuertes piedras y ladrillos no se venían abajo.

De repente, los cerditos dejaron de sentir los soplidos que acriciaban las paredes, dejaron de oír al Lobo, su respiración entrecortada por el esfuerzo ya no se notaba al otro lado de la puerta. Pero comenzaron a oir pisadas en el tejado. -¡Quiere entrar por la chimenea! -avisó Benja. -Entonces, venid, ayudarme -les indicó Armando.

Entre los tres cerditos colocaron todo el papeleo acumulado de la empresa del cerdito mayor en el suelo de la chimena. Prendieron una cerilla y la lanzaron al montón de papeles, consiguiendo rápidamente una enorme y caliente fuego. El Lobo, que se deslizaba chimenea abajo, olió el humo pero pensó que sería algún guiso de la cocina, y justo estaba relamiéndose pensando ene l festín que se iba a dar cuando de pronto ¡ZAS! notó como su cola comenzaba a arder y el fuego se extendñia rápidamente por el resto de pelaje de su cuerpo. Con un desgarrador aullido salió disparado por la chimenea pidiendo auxilio y escaldado no volvió a aparecer por casa de ningún cerdito.

Tras el susto, los cerditos se tranquilizaron y se sentaron a pensar juntos cómo podían evitar que eso volviera a ocurrir. Juntos, se les ocurrió una idea: participar en la empresa de Armando, cada uno con sus conocimientos. De esta manera, los tres tendrían trabajo, podrían pagar sus hipotecas, mejorar sus casas y evitarían que nunca jamás el Lobo Feroz volviera a molestarles. Una vez tomada la decisión, sacaron sus instrumentos y lo celebraron riendo y cantando “¿Quién teme al Lobo Feroz?, ¿quien teme’, ¿quien temé?, ese no soy yo”.

Y colorín colorado, este cuento, he versionado.

¡Feliz finde semana carnavalero!

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