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Gimnasio en casa con Ictiva (2)

Allá por el mes de marzo, a finales, te conté aquí que me había planteado un reto para poner mi cuerpo a punto.

Hoy, dos meses y pico después, te cuento mi experiencia. Ha sido NULA. Así como lo lees. No he hecho nada, pero lo que se dice nada de nada.

maitena caloriasPara el deporte soy lo peor, soy más perezosa que un koala y mira que me propongo veces el tener que moverme más, pero el día a día y mi tendencia (excesiva, a veces) a la vida social hace que relegue el deporte a un segundo plano. Así que para no desaprovechar el bono que tenía en el gimnasio virtual, le pasé las claves a una amiga con más fuerza de voluntad que tiempo libre, pero que sabía que haría buen uso de este regalo. Además, ella podría darme una opinión fidedigna ya que lleva una temporada haciendo ejercicio en casa, sudando con vídeos aeróbicos de Youtube y por eso, tendría una baremo con el que comparar.

Tras un tiempo en posesión del abono, el otro día me hizo llegar sus impresiones. Fueron impresiones escuetas, es lo que tiene whatsapear mientras una esta planchando y la otra esta en plena crisis de preparativos festivaleros de fin de curso. Escuetas pero concisas y con fundamento. Y su valoración podría resumirse en: flojo. Las actividades que había realizado estaban bien, pero las veía algo flojas. Cierto que no se había conectado todos los días, pero conociéndola, si no lo había hecho, era porque las clases virtuales que ofrecían no la habían enganchado. Así que tras su experiencia y la mía, que sí, que a alguna clase entré, por ver de que iba y como eran los ejercicios, aunque lo único que moví fue el índice para manejar el ratón, puedo decir que no te recomiendo abonarte a este tipo de gimnasios. Más que nada porque aunque su precio es asequible, el tipo de vídeos que te ofrecen puedes descargarlos del Youtube gratuitamente, así el dinerillo que te ahorras lo fastas en otra cosa.

La dinámica es como un gimnasio real, pagas una cuota mensual o un abono de equis sesiones, aunque tienes que tener en cuenta que las sesiones se computan por día, te conectes o no. Esto a mí al principio me cuasó confusión, ya que mi abono era de 90 sesiones, y pensaba que se irían descontando a medida que las utilizara: 1 conexión 1 sesión. Pero no es así, se computan por día, es decir, 90 sesiones son 90 días, entres en el gimnasio virtual cuatro veces cada día, estés siete horas seguidas o te pases una semana sin ponerte el chándal frente la pantalla, cada día habrás gastado una sesión. La parte buena, y esto ya pertenece a la picaresca española, es que puedes pagar un abono y que toda tu familia, amigos y vecindario se beneficien de tu cuota, ya que como hemos podido comprobar, con saber las claves de acceso a la página tienes todo el mundo deportivo que te ofrece esta web al alcance de quien quieras.

Conclusión: tienes que tener fuerza de voluntad y motivación, aparte de tiempo, para ponerte en casa a hacer ejercicio y no aprovechar ese rato que los peques se han dormido para recoger, lavar, estudiar, adelantar trabajo o tirarte en el sofá. En caso de que reúnas estos requisitos de tiempo y capacidad de sacrificio, puedes descargarte videos y tutoriales gratuitos mucho más cañeros para poner tu cuerpo en forma sin necesidad de pagar ninguna cuota, que por muy pequeña que sea, mejor está invertida en unas cañitas, unos zapatos o un libro.

Skin Method vol. 2

Parece que este fin de mes es el cierre de un ciclo. Voy concretando temas que comencé a primeros de abril y que me comprometí a dar parte de mis avances en cada uno, aunque como ya irás viendo, de unos he cumplido más que de otros. Entre ellos era seguir la rutina de belleza que la cocha de Skin Method me había aconsejado según mis necesidades cuando acudí al tratamiento de belleza express que te conté aquí.

Tratamiento al completo

Tratamiento al completo

Tras acabar el tratamiento, me fui con las muestras a casa más feliz que una perdiz, y estiré estas muestras ¡lo nunca visto!, ya que quería no mezclar otros productos hasta que llegasen las tallas reales que me habían prometido. Tardaron, se hicieron de rogar, pero llegaron. Y hoy, tras varios días usándolas y con conocimiento de causa, te voy a contar mi parecer más sincero.

Limpiador: Es fresco pero sin molestar. Además, el hecho de que pueda retirarse sólo con algodón o con agua es un plus. El formato del envase me gusta porque te aseguras que no vas a desperdiciar producto, ya que cuando esté en las últimas, puedes cortar con una tijera el envase y rascar los últimos resquicios. Sus efectos son claros, deja la piel limpia y luminosa sin resecarla, notas que la limpieza es profunda pero no agresiva. Ideal tanto para mañana como para la noche, incluso para desmaquillarte, cosa que he comprobado. El tubo de 50 ml cuesta 14,80€.

Crema Hidratante: Me ha encantado el envase porque unifica las dos cosas que me gustan en este tipo de ungüentos, el dosificador, para no usar más cantidad de la necesaria, y envase flexible como el del limpiador con el que no dejas ni un gramo de crema sin utilizar. A mi piel, que es mixta, le da un equilibrio ideal, hidratándola sin sensación de grasa ni de quedarse escasa. El resultado es una piel jugosa pero sin brillos. Además, combate rojetes, poros dilatados e imperfecciones. Una crema completa. Su precio es 21,10€ el tubo de 50 ml.

20140429-150709.jpgSérum: el formato de este producto viene con dosificador pero en envase rígido, ¡todo no iba a ser perfecto!. Así que puedes saber qué cantidad es la necesaria para tu piel al segundo uso, una pulsación, dos, una y un poco… Crea un velo protector que hace que la hidratación se mantenga más tiempo y que la piel se note más tersa y cuidada. Sus 30 ml por tan sólo 24,80€ te parecerán un milagro.

Contorno de ojos: mi gran revelación. Así como en el primer post te decía que era lo que menos me convencía porque veía su absorción algo engorrosa y no notaba un cambio adical en el contorno de mis ojos, hoy te puedo decir que he cmabiado de opinión. No es que haya notado nada espectacular en mis ojos, pero la manera de aplicarlo, con un roll-on fresquito que se desliza suavemente por el hueso ciliar y que deja la cantidad suficiene para que se absorba de inmediato ha conseguido que ni un día me salte este paso que para ser sincera, con otros contornos tipo crema me olvida al segundo día. El precio de los 15 ml que contiene este roll-on sólo es de 19,90€. ¿Dónde encuentras un contorno de ojos tan barato?

Y así, te resumo mi experiencia con Skin Metohd en general, tras el tratamiento expres y varios días usando primero las muestras y luego ya, las tallas reales:

ABSORCION: 5. Aplicando la cantidad necesaria, tarea facilitada por el tipo de envase de cada producto, te aseguro que su absorción es completa y rápida.

RESULTADOS: 5. No sólo yo, me han notado en apenas una semana la piel más jugosa, fresca y luminosa, sin rojeces. Estreno piel cada día.

AROMA: 3. No huelen mal, si especifico más, no me huelen a nada, pero como estoy acostumbrada a aromas embriagadores en cremas que seguramente no hacen nada, pues me parece que falta algo.

TEXTURA: 5. Para mi piel mixta-grasa es ideal la combinación de frescor y ligereza de esta gama, de rápida absorción sin sensación de enguarramiento o sequedad.

CALIDAD-PRECIO: 4. Porque siempre se puede pedir que sea más barato ¿no?. Pero la verdad que perfectamente podría puntuar con un 5 porque me parecen productos de muy buena calidad a un precio más que razonable y asequible. Además son productos unisex, por lo que no teneis que gastar más dinero en cremas específicas para cada uno. Amar es compartir, ¡también en las cremas!.

¿Buscabas belleza buena, bonita y barata? Pues únete a Skin Method.

 

 

 

Ponte a punto

Hay días que te despiertas y sientes cómo los planetas se han alineado para hacerte feliz. A mí me ocurrió el pasado sábado. Me levanté de la cama y ví que el padre y la criatura estaban jugando, así que con una sonrisa pasé a la cocina donde me dí un homenaje de desayuno relajado. Después me regalaron un planazo: poder ducharme sin prisa, no importaba que tardase más de dos minutos y medio porque ellos estaban a lo suyo. Así que entré en el baño, esa parte de la casa que a diario es una celda de castigo cuando te toca limpiarle, un ring cuando peleas con el enano para que salga del agua de una vez, incluso un cuarto de juegos a distancia cuando tienes que hacer pis acompañada. Pero ese día, no. Estaba ya en ese spa modesto que te había montado, jabonándome la cabeza y sabiendo que ese día sí,  me la voy a poder aclarar sin despistes, me estaba pudiendo duchar sin compaginarlo con la actuación de payaso a través de la mampara para entretener al espectador que habitualmente se está balanceando en la hamaca al otro lado de la cortina de agua. Y en ese momento gozoso, en el que te puedes parar a sentir cómo el agua relaja tu espalda, los ví. ¿Y estos pelos? yo juraría que ayer aquí no estaban, seguro que durante la noche me han abonado las piernas porque sino, no me lo explico. Incomprensiblemente, habían brotado de la noche a la mañana unos pelos acusadores de falta de atención. Intenté hacer memoria pero no recordaba bien cuando fue la última vez que me depilé con cera y no con cuchilla, y como no me acordaba, intenté recordar cuando fue la última vez que me detuve a mirar si me hacía falta depilarme. Nada, tampoco me venía a la memoria. Pero no pasa nada, me dije. Un lapsus lo tiene cualquiera, y esta semana sin falta voy a deshacerme de esos cuatropelos desperdigaos que amenazan con repoblar las piernas, no vaya a ser que la próxima vez que quiera reparar en ellos me parezca ya a la prima de Chewaca. Salí de la ducha y tras secarme, recordé una rutina que hace siglos que dejé aparcada: darme crema hidratante en el cuerpo. Oooohhhh, qué glamour sintieron mis piernas y brazos que bebieron el elixir ansiosos, ávidos de dejar de ser una imitación de piel de lagarto para volver a lucir sedosos y agradecidos. Tengo que procurar hacerlo cada día, pensé. Y tras ese pensamiento, mi subconsciente soltó una carcajada.

Ya fresca y renovada, me sentía guapa. Y para olvidar el chasco de los pelos (que seguro que alguien me había plantado por la noche porque yo sigo jurando que no entiendo cómo me han crecido de un día para otro) decidí ponerme ese vestido de salir, de ir arreglada, (eso sí, con medias tupidas) y que no sabía por qué hace mucho que no me ponía. Pues ese era el día. Pero tampoco. Ni con la faja postparto ni con una estampita de Lourdes en la costura, que no, que no me entraba. Otro misterio sin resolver para la nueva lista que me había creado en la mente, la de “cosas que no entiendo como pueden ser”, que no me valga este vestido que me quedaba espcetacular si sigo usando la misma ropa. Entonces caí en la cuenta, que seguía usando la misma ropa que empecé a usar tras dar a luz. Esa que tenía en el armario de talla gorda intermedia, cuando las redondeces del embarazo me hicieron subir de talla pero sin necesidad de pasar aún a ropa premamá. Y con ella había  seguido, con esos vaqueros que yo digo que se llevan tipo boyfriend como decía Katie Holmes, esos jerseys y camisetas oversize, o como toda la vida se dijo, grandes, y zapato plano porque empujar del carrito es más incómodo con tacones. Pero ya no quería seguir así, así que me planté un look sencillo pero resultón, pregunté al manfriend (lo de boy ya se nos queda un poco pequeño), porque ya comenzaba a cojear esa seguridad que me había acompañado desde el despertar, dió el visto bueno al conjunto de estilismo y salimos a la calle a cambiar de aires. Seguía siendo un buen día.

Llegamos al bar de siempre, en el que nos reunimos cada fin de semana con los amigos a la hora del vermut para charlar y tomar un aperitivo. Irradiaba felicidad, porque era mi día, los astros me lo decían. Hasta que también me dijeron de repente “Vaya cana que tienes ahí, ¿no se la veis?”. Pero ese no era un astro, esa era una amiga del alma que te dice con toda la franqueza inocente del mundo lo que ve, tan sincera como sólo puede ser una amiga. ¿Una cana? ¿donde?. Aquí, mira, ah, que no, que hay más, mira, tienes unas cuantas. No las había visto, claro, me las habrían microinjertado a la vez que la pelusilla de las piernas y las lorzas de la cintura. Tendré que mirarme lo de dormir tan profundo. No dí importancia al comentario, total, cuando me había arreglado por la mañana me ví bien el pelo, aunque  ahora que lo pensaba, no estaba como siempre…

Fuí al baño y eché una mirada furtiva a la chica que estaba en el espejo ¿era yo? ¿hacía cuanto que no me detenía a mirarme? Casi tanto como meses tiene el Miniser. Vale, sí me miro a diario, pero corriendo, lo justo para no salir con pelos de loca, reconozco que la coleta o las horquillas se han vuelto mis mejores amigas. Que ese flequillo tan especial, es el resultado de cinco o seis amagos de ser Llongueras en mi casa, que total, el flequillo me lo corto yo, como en los 90 cuando se llevaba el grunge. Y ya basta.

Barbie gordaBasta de olvidar que soy mujer, de olvidar que tengo que cuidarme y gustarme. Que si las canas son porque me gustan vale, pero si son porque no me he parado a pensar que me hace falta ir a la pelu malo. Que está bien lo de ser natural y no sufrir, pero considero que hay pelos que no deberían estar donde han aparecido, así que tengo que poner remedio. Al final tenía razón, los astros se habían alineado a mi favor, me han ayudado a darme cuenta que me tengo que tener en cuenta.

Ya sé que muchos pensarán que tengo todo el tiempo del mundo para mí, pero no le tengo para mis cosas. Tú que me lees seguro que sabes de lo que hablo cuando digo que hasta la intimidad de sentarte a reciclar tus residuos la compartes con alguien de menos de metro veinte.

Reduciré de vez en cuando la marcha de ser mamá, no digo frenar, sino pasar a la velocidad de mamá también es mujer. Y la gusta estar guapa. Nunca he sido una Barbie ni lo pretendo ser, mis redondeces, legado palpable de una historia plena y feliz me acompañan y se niegan a marcharse, pero eso no quita que me tenga que poner a punto antes de que sea demasiado tarde.

Reportaje secuencial

Durante el embarazo del Miniser, una gran amiga me recomendó que me hiciera un reportaje fotográfico desnuda, donde se viera todo el esplendor de la barriga y las estrías e hinchazones quedaran hasta monas. Ella lo había hecho en el embarazo de sus mellizos y decía que era un recuerdo precioso. Yo nunca he sido muy vergonzosa, pero la verdad que así, de primeras, quedarme en pelotilla picada delante de un desconocido y ponerme a posar en plan portada del Vogue pues no era la tarde ideal que en ese momento me imaginaba. Como suelo hacer bastante caso a los consejos que ella me da, le dí vueltas al asunto y me decidí a hacerlo. Acudí al mismo estudio donde ella (y otra amiga común que fue la pionera del grupo en esto) se habían hecho sus reportajes. Era en Santander, en el estudio de Fotografía Perez Herrero. La verdad que desde el primer momento la cercanía , humanidad y profesionalidad que desprendían Mónica y Mateo, los artistas de la cámara, me confirmaron que la decisión era la correcta. Me explicaron cómo sería la sesión, me dieron consejos sobre cómo ir o qué hacer y me apuntaron en su agenda. Ya tenía cita para mi reportaje de gordi.

Foto embarazo estudio

El día en cuestión, me arreglé, pasando por chapa y pintura que oye, había que salir guapa que un álbum es para siempre. El contrario, que también participaba en el evento, se acicaló y allá que nos fuimos al estudio. Nada más entrar el clima era de confianza y respeto. Mateo, entre canción, anécdota y chascarrillo nos iba orientando sobre cómo posar, dónde mirar, otra canción, ¿te gusta este grupo? a mí también, ahora abrázala…Y así, casi sin darnos cuenta, habían pasado los minutos y la ropa estaba despojada encima del sofá. Sin vergüenza, con mucha naturalidad. La transición para pasar a estar desnudos (bueno, yo, aquí el amigo sólo tenía que quedarse en vaqueros y descalzo como en un anuncio de jeans), había sido natural, amigable. Para nosotros, que eran nuestras primeras fotos a nivel profesional la verdad que nos pareció una experiencia muy gratificante. Aunque ahí no acababa todo.

Al mes de la llegada del Miniser, volvimos con él para terminar el reportaje. Eramos los tres de nuevo, pero esta vez los tres mirábamos a cámara. Con cariño, con paciencia y de nuevo con respeto, hicimos una nueva sesión en la que ahora, al ver las fotos, se ve que el recién estrenado amor se sale del papel donde están impresas. Captaron el sentimiento de plenitud que estábamos disfrutando, la ilusión de una nueva vida que comenzaba para nosotros.

esta no soy yo, ¡ojalá!

esta no soy yo, ¡ojalá!

Con este post, quiero animarte, a tí futura mamá, reciente padre o simplemente a tí que te encantan  las fotografías, a que te regales una sesión de este tipo. Las fotos donde se ve nuestra piel, limpia y sincera, son más íntimas e impactantes, diferentes, ya que no estamos acostumbrados a hacernos fotografías desnudos. Por eso, te animo a que contactes con un profesional y te atrevas a desnudarte, con tus niños, tu pareja, o tu solx, creando un recuerdo más que personal para toda la vida.

Por respeto al trabajo de los profesionales que nos hicieron el reportaje, y por pudor propio, no voy a colgar ninguna foto de esas sesiones, pero sí te dejo aquí el enlace de su página para que veas su gran trabajo.

Además, y basándome en mi experiencia, te voy a dar unos consejillos que tal vez te sean útiles cuando te decidas a probar el arte de la desnudez:

  • Procura que unas horas antes, por lo menos, ninguna prenda te apriete, ya que por ejemplo la marca en los tobillos de unos calcetines estranguladores pueden arruinar el mejor posado.
  • No te peines ni maquilles como para un espectáculo de drag queen si habitualmente no es tu estilo. Arréglate pero dentro de tus límites, no vaya a ser que tengas luego que colgar carteles con tu nombre para que se te reconozca en la foto.
  • Siéntete a gusto con tu cuerpo, eso la cámara lo capta que no veas.
  • Acude a un profesional, si ya tienes confianza con él mejor, y si no le conoces pero ves que no vas a estar con comodidad, mejor cambiar a otro. La complicidad con él será importante para un buen resultado final.
  • No te agobies si te ha quedado un pelillo en el sobaquete o te ha salido un grano traidor de última hora, el Photoshop puede con esas pequeñeces, pero no con tu inseguridad.
  • Sobre todo si es una sesión de embarazada, NO LO DUDES, HAZTELA. No volverás a estar embarazada de ese hijx, piensa que es un momento irrepetible, ¿pasarías de hacer fotos en tu boda? Pues entonces.
  • Y nada más, creo.

Hoy hemos vuelto, a punto de cumplir los once meses, para empezar otro proyecto artístico. Y repetiremos, periódicamente, para plasmar con arte el avance de nuestras vidas.

Gimnasio DIY

Ayer te comentaba mi tremendo fracaso en el gimnasio real. Pues bien, hoy paso a contarte la estupenda tabla de gimnasia que me he preparado para casa. Con todo lo que está de moda ahora esto del DIY, he decidido hacerme yo misma la tableta de chocolate, la de las abdominales y otra para fundir al baño María y ahogar las miserias en dulce cacao. Todo empezó en esos días en los que al pasar por la entrada de casa y ver la bolsa del gim colgada me comenzaba un tembleque de piernas que ni el de Sara Baras. Justo en uno de esos días, encontré esto por la red, que aseguraba un culo de infarto en 30 días

culo en forma

Por supuesto, lo guardé en el móvil con la firme conviccion de comenzar a la mañana siguiente sin más demora. Pero como te puedes imaginar no fué así. Me seguí debatiendo durante un par de semanas entre gimnasia casera o amortizar el abono que estaba ya cobrado, hasta que una tarde se me encendió la bombilla, sí, se me encendió al accionarse un pinzamiento en la nalga derecha que me hizo darme cuenta de lo que estaba haciendo. ¡¡Estaba haciendo las sentadillas!!, no conscientemente claro, sino al ir recogiendo las pinzas de la ropa que el Miniser me había repartido por todo el pasillo y parte de la cocina. Ahí, en ese momento de lucidez gimnástica me dí cuenta que podía convertirme en la Jane Fonda siglo XXI. Y me puse manos a la obra. Analicé todas las tareas que hago cotidianamente y que guardan algún parecido, aunque sea remoto, con ejercicios que he realizado en una de mis visitas turísticas a los gimnasios a lo largo de mi vida. Y confeccioné mi sesión de tareas para un cuerpo 10. Tareas que iba a tener que realizar de todos modos así que por lo menos, poder sacarlas el máximo provecho. Este es mi calendario de GAP…

Sentadillas: procuro recoger las cosas que el Miniser esparce por el suelo sólo de una en una, aunque pueda coger más a la vez NO!, prohibido, de una en una con los talones bien pegados al suelo. Son diarias, no hay día en que no desbarajuste algo y lo esparza a su alrededor, pero si algún día está en plan zen y relajadito, ya me encargo yo de ofrecerle esas pinzas inspiradoras que tanto le gusta desparramar.

Step: mínimo 4 días a la semana. Mi madre y mi suegra viven en un cuarto y un quinto respectivamente, y ninguna tiene ascensor. Así que las visitas a las abuelas ahora son el doble de agradecidas, por ellas y por mis gluteos, que por si fuera poco una subida por día, no hay vez que no tenga que bajar y volver a subir con algún recado que se las olvidó comprar y ya no están para esas escaleras.

Zumba: sesiones cortas diarias toooodas las mañanas. Sólo que en vez de con ritmos latinos de moda, yo me lo curro con la Mickey Danza, ¿te suena verdad? que oye, me sé ya las coreografías de todos los personajes aunque eso sí, con Daisy lo bordo, será porque siempre he sido un poco pato…

Gimnasio DIY

Estiramientos (de brazos más que nada): en este ejercicio mi metro y medio un poco pasado ayuda bastante, y el que las cocinas ahora tengan medidas para nórdicas de uno ochenta también. Este ejercicio va acompañado de Superstep intensivo cuando tras un rato intentando alcanzar las cosas de las baldas de arriba a las que no llego termino subiéndome a la banqueta.

Abdominales: diariamente, y en las últimas dos semanas de forma intensiva. Cada noche ya en la cama, tumbadita y relajada soñando con soñar, comienza el sacrificio. Incorpórate para poner un chupete, otra vez para apagar la tele que el de al lado no puso el programador, abdominal rápido al acordarte de que no sacaste las chuletas del congelador, otra para el chupete de nuevo, venga, una más para ya, sentarte sobre el cabecero a leer un poco que te has desvelado.

Y así podría seguir, como tú, como todas, que día a día estamos moviéndonos y moviendo el mundo, para que encima luego alguien te suelte “Mari, hija, deberías hacer algo de ejercicio porque no te mueves…”

Por cierto, ¿te animas al reto de las sentadillas?

Gimnasio Real

He batido mi propio récord. Me apunté al gimnasio y en dos meses sólo he ido tres veces. Sólo tres. Y es que el deporte, no es para mí.

Inauguraron un nuevo gimnasio cerca de mi casa. Instalaciones tremendas, de última generación, y con la excusa de que daban clases de matronatación para bebés dije, apunten mi número de cuenta que voy a venir hasta ponerme como la Pataki. Pero no fue así, nunca es así.

El primer día fué espantoso, quise ir a la piscina con el Miniser, y todo fueron obstáculos:

El carrito no entraba en el torno. Además que me chivaron en ese momento que dentro no podía dejarle sin atar en ningún sitio y ya habían robado uno. Vuelta al parking a dejarle en el maletero del coche y entrar con el niño en brazos. Iba a ser verdad que el gimnasio cansa, porque no había llegado al vestuario y ya me dolían los bíceps. En el vestuario infantil no había nada para que los bebés estuvieran seguros mientras te cambiabas, y una madre que intentaba calzar a su retoño, entre grito y grito de “Estate quieto ya” y “te vas a enterar”, dulcemente me dijo que mejor me fuera al vestuario adulto y tumbase al bebe en el suelo, porque si lo hacía allí, alguna fiera preescolar le podía pisar. Así lo hice, fuí donde las adultas que me miraban como avis rarivis, intenté descifrar el mecanismo para abrir la taquilla, me la abrieron, me desvestí todo lo rápido que se puede desvestir una cuando tiene a un bebé de nueve meses corriendo entre las piernas de desconocidas y venga, a la piscina. O mejor contado, venga a la criogenización. El agua estaba helada. Varias quejas y reclamaciones de muchos socios (a día de hoy) no ha hecho cambiar de opinión a la directiva que dice que el agua está en optimas condiciones, sí, pero para conservar a Walt Disney.

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A esto súmale que la piscina infantil era de tamaño bañera de casa un poco grande, y que tres señoras con miedo al agua copaban todo el espacio y todos los manguitos. Tras un rato de estilo libre, porque al final no tenían las clases que prometían, vuelta al vestuario. Dúchate con el Miniser en brazos más que nada para entrar en calor, porque lo de jabonarte para quitaros el cloro difícil hasta que no te muten dos brazos más. Sécale rápido para vestirle y tírale al suelo sobre una toalla, para nada, porque se va a mojar en cuanto se salga del recinto de protección rizado al suelo puro y duro. Sal corriendo desnuda con la braga en el tobillo porque tras un gateo de meteorito se intenta comer la crema de a quince mil el litro de una chica fashion que yo creo que va a lucirse y lo demás es operado, porque no estaba ni despeinada la tía. Terminado el día, vuelta al coche más cansada que con un personal trainer. Y así tres veces, tres intentos más que me hicieron tirar la toalla. A esto súmale la cantinela casera de “si lo sabía yo, que no ibas a ir, que dinero más a lo tonto…” y yo pensando, pues sí, pero ya me gustaría verte a tí  pasar las doce pruebas de Hércules para pasar quince minutos de piscina mala con el pequeñín.

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Así que me he creado mi propia tabla de gimnasia casera para Mami y Miniser, pero esa te la enseño mañana!