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Curso repostería

Hace un par de semanas acudí a un curso de cocina, ¡mi primer curso de cocina!. Era un taller centrado en la pastelería para niños, pero al que sólo acudíamos padres. Quien me conozca pensará que tal vez me hubiera sido más rentable acudir a un taller de cocina de cocidos, o de pescados, o de cualquier otro plato que no fuera el postre, pero qué se le va a hacer, me tocó en un sorteo una plaza para ese taller y yo encantada de la vida. Ya sé que la cocina no es lo mío, pero por el momento me defiendo para no morirnos de hambre, así que empecé por aprender a cocinar lo que me gusta, todo lo que sea dulce.

curso reposteria 2El curso lo impartía Beatriz Celis, una experta cocinera y profesora de Hostelería, además de una chica muy amena y cercana que nos transmitió su amor por la cocina y su visión de ésta. El lugar, era en la Escuela Infantil Cors, hasta ese momento una escuela desconocida para mí pero que tras conocer su filosofía y su proyecto educativo me enamoró, aunque para explicarte lo que aprendí de esa escuela ya tengo preparado otro post. Ahora, centrémonos en el curso.

Beatriz, lo que intentó desde un primer momento, fue explicarnos que la cocina es un lugar de creatividad, un espacio para experimentar con los sentidos y para unir vínculos entre quienes comparten la magia de dar vida a un bizcocho o a unas galletas. Su visión del mundo pastelero es muy pragmática, no quería enseñarnos a hacer cupcakes o postres decoradísimos que tan de moda están ahora, ya que dice que eso es más bien un tema de manualidades donde prima más la estética que el sabor. Ella nos inyectó la pasión por lo tradicional, por recetas sanas y sencillas que como dice, con “tan sólo el olor que invadirá la casa recompensará cualqiuer esfuerzo”.

Las recetas fueron muy variadas y algunas muy sorprendentes. Comenzamos con un riquísimo Bizcocho de plátano, elaborándolo allí desde el principio hasta que salío del horno y pudimos probar el resultado. El bizcocho de calabaza, o de zanahoria, de los que vimos su versión teórica. Aprendimos a hacer Galletas de mantequilla, las cuales me dejaron boquiabierta (hasta que metí la segunda galleta en la boca) al comprobar que eran exactamente iguales que aquellas pastas de té que me encargaba comprar mi abuela para merendar algunas tardes. Además, Bea nos explicó mil y un trucos con la masa de esas galletas: congelarla, usarla como base de tartas, de quichés, incluso de pasteles salados como el de puerros o espinacas, y lo más sorprendente, estas galletas se ueden congelar ya horneadas y te aseguro, que no notas la diferencia con unas recién hechas.

Curso reposteriaElla quería que el curso girara en torno en recetas faciles y divertidas que podamos hacer con nuestros pequeños y que además, estén para chuparse los dedos una vez terminadas, por eso nos enseñó a hacer Gominolas caseras, que quedan espectaculares y con las que podemos jugar a incluir más verdura en la dieta de los pequeños. Probamos unas con ingrediente sorpresa y estaban de Re-chupete (así se llaman los cursos de cocina en esta escuela), y ¿sabes cual era el ingrediente misterioso? Remolacha. Nadie lo hubiera dicho.Otro plato estrella del curso fueron los Palitos de leche condensada, en menos de 5 minutos, hicimos una especia de Mikados, pero mucho más sabrosos con los que además de comer tal cual, puedes jugar a hacer formas, escrribir letras o formar dibujos para sorprender a los retoños o decorar otras cosas, como una tarta, unas natillas o lo que se te ocurra.

Otros platos simples como Caramelos artesanos, incluido el Toffe, las Tortitas americanas o las Natillas de toda la vida también tuvieron cabida en el curso. Y para terminar, el postre estrella de la casa, el Biscuit de turrón, algo extraordinario en el paladar y con el que podemos aprovechar esas tabletas que aún por mayo todavía tenemos danzando por casa desde la última navidad.

No sólo por las recetas, sino por la manera de mostrarnolas, puedo decir que el curso me entusiasmó. Porque aunque ahora te enumere recetas que hicimos y probamos, la idea general fue la diversión, el disfrute en la cocina sin ser esclava de medidas exactas ni procesos estrictos. Nos explicó las bases de ciertas cosas como para luego tener capacidad de partir de ellas y experimentar, intercambiar ingredientes, y descubrir nuevos platos teniendo como límite nuestro paladar. Porque…¿te imaginas unas gominolas de tu bebida favorita?

Antes de terminar dos trucos importantes: antes de elaborar cualquier postre, procura tener los ingredientes a temperatura ambiente, parece una tontería pero el resultado es distinto, y decir que en casi la totalidad de las recetas que encuentres, puedes sustituir 100 gr de harina por 300 gr de almendra en polvo, ideal si algun celíaco anda cerca.

¿Te apetece conocer más a fondo alguna de las recetas que he nombrado? 

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Termos

He estado haciendo limpieza de la infraestructura alimentaria del Miniser. Apartando chupetes viejos, biberones que se han quedado pequeños, tetinas rechupeteadas y cucharas blanditas que ya sólo usa como armas de defensa contra sus rojas encías. De todo este arsenal, lo que ha quedado en el armario junto biberones tamaño XXXL y dosificadores de leche apilables, son los termos. ¡Benditos termos!.

Cuando el Miniser comenzó con los purés, una de las primeras cosas que pensé fue en cómo llevar la comida fuera de casa. Hasta entonces lo había tenido fácil, con las cantimploras incorporadas en su punto óptimo de cocción, pero ¿a partir de ahora?. Esta pregunta puede parecer algo frívola o absurda, pero en nuestro caso, que salir de casa cada día es el segundo mandamiento de nuestra religión, quería tener este asunto concretado. Ya sé que la respuesta es sencilla: comprar un termo o papillero y listo, ¿pero cual?. Quería uno que de verdad fuera eficaz al mantener el calor, que conservara la comida como si estuviera en las brasas del infierno, que para enfriarse a tiempo estamos. Así que como en otras ocasiones, consulté a mi personal baby shopper, mi amiga B. que tiene dos niñas y mucho sentido práctico. Ella me recomendó comprar un termo normal, de los que compraría para un adulto, nada de un aparatoso y monísimo papillero infantil que puede que funcione, pero puede que no. Me recomendó una marca y un formato, ella ya lo había usado con LaPrimera y tras dejar de usarlo con LaSegunda aún seguía intacto. Así que monté al Miniser en el carrito y ále, a comprar el termo se ha dicho.

De camino a la tienda que tenía en mente, entré en alguna de productos infantiles. No lo pude evitar. Pregunté por el termo y me enseñaron varios modelos de varias marcas, carisísimos, monísimos y algunos, cutrísimos, todo hay que decirlo. Llegué al destino marcado y pregunté por el termo aconsejado: –“No existe”, me dijeron. –Sí si, porque una amiga mía le tiene. –Pues no creo, porque no existe. Pero te puedo ofrecer esto… Y me enseñó otros termos parecidos al que pedía, entre ellos uno de otra marca que se me hacía familiar. Dudé, no me quedé con ninguno y me despedí.

Al salir, llamé a mi amiga B. y la comenté lo ocurrido. -¡Ah, pues ahora que lo dices igual si que el mío era Laken y no la marca que te había dicho!. -Ayyyy, ¡la madre que te pá!. Ya me iba a dar la vuelta para regresar, entre dudando si decir la verdad a la señora de la tienda o mentir diciendo que me había convencido con el ofrecimiento, cuando casualmente (al ir por otra calle para echar un vistazo a una zapatería) me encontré con otra tienda parecida, y los ví. Eran los mismo termos, los Laken, pero mejorados.

Termos LakenEntré y pregunté a la dependienta por ellos, por esos termos Laken. Me explicó que se trata de una empresa española, que fabrica en España. Que es estos termos son de acero inoxidable, tanto por dentro como por fuera. Que no suda cuando metes comida caliente. Que son libres de Bisfenol, cosa importante para los pequeños, porque si tu comes bisfenol… bueno no es, pero que lo coman tus niños ¡eso sí que no!. Me dió una descripción maravillosa sobre las características de los termos, pero me daba igual, no escuchaba sus alabanzas hacia esa marca porque mis oídos se habían ido con mis ojos a enamorarse de las fundas de neopreno que llevaban tan molonas, ¡no sabía cual quedarme!. En la primera tienda, la que nos sacó del error, tenían los termos sin más, pero aquí, tenían la colección infantil: era el mismo termo pero con estas fundas que te comento, a cada cual mas bonita y divertida. (pincha aquí e investiga para ver la colección completa) Al final me decidí y me llevé el “kit total pa´salir de casa”, termo para sólidos de 0.30 litros, que ya da para un buen platazo de puré, y el de líquidos de 0.50 l.

Y estoy encantada. Se nota la calidad, la resistencia. Todas las semanas les usamos al menos dos o tres veces cuando nos vamos a disfrutar por ahí sin prisa, y siguen como nuevos. Da igual que hayamos salido de casa hace cuatro horas que cuando al Miniser le toca comer, la comida sigue igual que recién calentada, a veces incluso tenemos que esperar a que enfríe en el plato improvisado que nos montamos con la propia tapa (viene genial para esto). Así que os recomiendo plenamente seguir el consejo de B. y comprar directamente un termo termo, de los de toda la vida. Puede que los específicos infantiles funcionen igual de bien, pero la ventaja de estos es que cuando los churumbeles tengan edad para acampadas y escapadas, pueden seguir usándolos sin tener que oírles decir “Jooooo mamá, no quiero llevar este que es de niño pequeñooooo”. 

¡¡Feliz fin de semana!!

Un engaño de la leche

En la última semana se han dado una serie de coincidencias que me han hecho abrir los ojos. La primera fue una conversación con una amiga, que se ha convertido en madre primeriza hace dos meses. La conversación en sí surgió ante su duda de cuál era la diferencia en las leches de fórmula para que sus precios variaran tanto de una marca a otra. Dos días después, haciendo la compra en el súper me dí cuenta que el Miniser pronto cumplirá un año, momento en el que puede cambiar la leche de continuación por otra, pero ¿por cual?. Y la coincidencia desencadenante que ha puesto mi mundo lácteo patas arriba fue el que un amigo colgase de su muro de Facebook un artículo sobre la intolerancia a la lactosa y que según el que lo firmaba, los adultos de raza humana no deberíamos consumir ese producto. Cuando terminé de leer esa información, mis dedos cobraron vida y comenzaron a teclear en busca de información. Y esto es lo que encontré…

Los aparatos digestivos de los bebes no pueden metabolizar la leche de vaca por la cantidad de proteínas que tiene, demasiadas por miligramo para sus pequeños riñoncitos, por eso, la sabia naturaleza nos llena como fuentes a las madres de una leche digestiva, nutritiva y perfecta para alimentar a nuestra manada. Pero como no hay nada perfecto, hay madres que no pueden, o no quieren (no vamos a juzgar las circunstancias ni las decisiones de nadie) dar el pecho a sus hijos, por lo que recurren a las llamadas Leches de Fórmula. Estas leches en realidad son leche de vaca procesada, sí, esa leche de vaca que tanto daño hace a un lactante. Podrían fabricar las leches de fórmula con leche de burra o de cabra, cuya composición es más parecida a la leche materna, pero no, porque la leche de vaca es más barata. Así que lo que hacen es quitarle la mayor parte de proteínas a la leche de vaca para que no haga daño al metabolismo del bebe. Hasta ahí vale. El problema empieza cuando la ley prohibe en muchos países, incluido España, hacer publicidad de este tipo de leche para promover la LM (Lactancia Materna). ¿Qué hacen las grandes marcas? Pues sacarse de la manga otra leche más para que si por desconocimiento, caes en las garras de la naturaleza y optas por dar el pecho a tu hijo, tarde o temprano te sientas obligada a gastarte las perras en un producto suyo. ¿Que le vas a dar la teta? Tranquila, que ya comprarás mi leche, ya comprarás.

leche crecimiento

 

Se han sacado de la manga toda una serie  de gamas de leche. Tenemos la Leche de Iniciación (la Tipo 1), para bebes de 0 a 6 meses. Al cumplir el medio año pasamos a darles Leche de Continuación (tipo 2), y  a partir del año cumplidito, aquí viene el engaño, nos venden la moto de que necesitan un montón de proteínas, ácidos grasos y un montón de siglas indescifrables que sólo obtendremos en su Leche de Crecimiento (la que lleva el 3), la única que sus cuerpecitos pueden digerir sin problemas. Pues bien, esto es falso.

Según la OCU, un refrente en cuanto a estudios de mercado y a decir verdades saludables, la Leche de Crecimiento es una estafa y además, poco sana para los niños. Esta organización nos informa que lo recomendable es hacer una transición de leches progresiva, es decir, si optamos por LM una vez acabada esta (o como fue en mi caso a partir del sexto mes, por falta de suminstro en mis depósitos, optar por lactancia mixta) comenzar a introducir siempre la leche de Iniciación, aunque sea un sólo bote. De ahí, y dependiendo de los meses del niño, pasar después a la leche de continuación. Pero al cumplir el año, y por mucho que nos intenten convencer, es mejor pasar a la leche de vaca comercializada, la de brik que bebemos cualquiera de nosotros antes que pasar a la de crecimiento (tipo 3). . Leche de Crecimiento caca.

En un estudio exhaustivo de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria  fueron analizadas 15 de las marcas más vendidas de leches de crecimiento, y detectaron que tienen demasiadas calorías, hasta 3 veces mas que la de vaca y sin embargo, menor valor proteíco. ¿Y para qué le siguen quitando proteínas si los bebes de más de un año ya las pueden metabolizar? Pues para abaratar costes, porque el proceso ya le tienen hecho de la elaboración de las tipo 1 y 2. A la de tipo 3 para que se adapte algo más a las necesidades del niño le añaden un montón de aditivos, azúcares y proteínas extras sacadas artificialmente. Además, tienen azucares añadidos como sacarosa o azúcar común para mejorar su sabor, cuando en la leche de vaca sólo existe la lactosa propia de la leche. Estos añadidos se han encontrado en mas del 60% de las marcas analizadas. Las ofertan enriquecidas con vitaminas, las cuales no necesitan porque ya toman otros alimentos en una dieta cada vez más variada, informan que aportan calcio, pero tienen menos que las de vaca. Vamos, que lo que tienen de más el niño le obtiene de otros alimentos que ya han sido introducidos en su dieta, pero que un exceso de estos, por ejemplo, de vitaminas, tampoco es saludable.

Vamos, que con las leches de crecimiento no aportamos más nutrientes a los niños que con la leche de vaca y sin embargo, les cebamos como a patos, pudiendo incluso perjudicarles por un exceso de vitaminas y azúcares que no necesitan en tal medida.

Sabiendo ahora todo esto, a partir del mes que viene creo que el Miniser va a saber lo que es un buen vaso de leche, de verdad.

*sí, viene en inglés y yo no tengo ni idea, pero con el traductor de Google puedes apañarte medio bien si andas de idiomas regulero.

 

Crema de espárragos

Aunque no soy una gran cocinera (bueno, ni grande ni pequeña ni ná, vamos, que la cocina no es lo mío) hoy quiero compartir contigo una receta que es perfecta para este tiempo por partida triple:
1. Es un plato de cuchara, de los q se agradecen cuando hace frío porque reconforta el estómago y de paso, a esas lorzas que se resisten a irse de tu cintura.
2. Es ligero, por lo que vale tanto para comida como para cena y las calorías que aporta no son muchas, o por lo menos, no demasiadas.
3. Sirve para aprovechar las sobras de espárragos, ese entrante tan socorrido cuando tenemos una cena con invitados  en casa y al final nunca se terminan los del bote o lata que has abierto. ¿Estabas cansadx de comer espárragos tres días seguidos? Pues ya tienes solución, les comerás, pero de distinta manera. ¡Vamos allá!
Los ingredientes que necesitas son: los espárragos que ya hemos dicho te hayan sobrado, o bueno, vale, puedes abrir una lata o un frasco para esta crema. La verdad que cuanto más espárrago lleve, mejor sabrá. Coge una cebolla mediana, un puerro, mantequilla, 200 ml de nata líquida, o lo que es lo mismo, un brik pequeño y algo de caldo. Yo tenía un caldo en brik que me regalaron con una canastilla en el supermercado, pero en otras ocasiones he utilizado una pastilla de caldo concentrado o simplemente agua. ¡Ah!, si quieres que te quede más ligera puedes sustituir la nata por leche evaporada, yo nunca la he probado con este cambio pero todo es innovar..

20140127-154316.jpgSeguimos, lo primero es picar la cebolla y el puerro. No hace falta dejarlo microscópico porque al final usaremos la batidora. Ya picado lo sofreímos en una par de cucharadas de mantequilla que hemos puesto al fuego. Rehogamos, a fuego lento, este paso creo que es la clave, o una de ellas, para que el resultado final tenga más sabor. Cuando ya esté doradita la verdura añadimos los espárragos troceados, y volvemos a rehogar. Otros minutillos al calor suave y continuamos.

Cubrimos el sofrito con el caldo, o el agua o el concentrado, lo que tengas más a mano y a cocer diez minutejos.

un poco más y lista

un poco más y lista

Pasado este tiempo, damos uso a la batidora. La idea es que quede una crema, ni tan espesa como el puré ni tan líquida como una sopa, así que un buen truco es antes de darle caña a la cosa de batir, retirar algo de caldo e ir añadiendo según batimos y vemos la consistencia que va cogiendo. Una vez batido, añadimos la nata, removiendo a la vez, para que se integre bien con los ingredientes. Ahora es el momento en el que hay que probarlo para rectificar la sal, y a quien le guste, que espolvoree un poco de pimienta.  Lo dejamos hervir de tres a cinco minutos y después de todo esto…tachán!! Ya tenemos nuestra rica, fácil, rápida, ligera y aprovechada crema de espárragos. Además, es una buena manera de meter este alimento en la dieta de los enanos, que normalmente reniegan un poco de su sabor.

¡Que aproveche!