La única madre del mundo

Hay un fenómeno social que afecta a una parte de la población femenina que se convierte en madre (masculina también, pero en casos aislados). Se trata del fenómeno que he denominado “No hay más madre que yo”. Las afectadas por este síndrome por lo general tiene antecedentes de otros similares, como “Soy guay y tú no”, “Te pego mil vueltas en todo” o el terrible y desesperante “Yo soy lo más”. Con esto, me refiero a aquellas amigas, algunas simples conocidas, que a lo largo de la vida siempre creen estar por encima de la mayoría, o por lo menos, por encima de tí.  Son aquella  que cuando tú aprobabas por fin en septiembre esas matemáticas que te tenían amargada ella te decía si es que están tiradas, yo saqué un sobre a la primera. Aquella que cuando tú te echaste novio formal, ella ya había tenido cinco suegras que la querían mogollón. Esa que en el día de tu boda te decía que todo era precioso pero que la gustaba más lo que ella regaló o te da opciones de menú mejores por si vuelves a casarte. Sí, esa amiga petarda, que contra todo pronóstico, aún la sigues viendo, seguís quedando y a pesar de todo y de todos, la sigues apreciando.

Este tipo de mujeres, son las que una vez convertidas en madres, se enferman del síndrome que te comentaba, el “No hay más madre que yo”.  Una conversación con ellas se convierte en un ego-monólogo sobre lo buena madre que es y lo superguapos y perfectos que son sus hijos. Suelen mantener otros síndromes pasados, por lo que aunque tú intentes cambiar de tema, ella (o ellas, si conoces a más de una), te restregarán lo bien que saben hacer esa receta que la comentas, lo bien que saben comprar en rebajas y lo estupendas que se han quedado sin hacer nada de nada de ejercicio.

Pues con una amiga de toda la vida que ha pasado por varias de estas enfermedades con fluctuencia de sus síntomas, me encontraba yo hace dos días tomando un café. Ella tiene dos retoños, niño y niña, el canon de lo ideal (según ella). Cuando nació SuMayor, yo aún no tenía ni en los planes de planear futuros planes el tener hijos. Así que a medida que sus ego-monólogos maternales se hacían más y más grandes, y con cada quedada me daba una masterclass de maternidad por mi bien futuro, yo perfeccionaba la técnica de supervivencia desconexión irreal, léase, saber sonreír y escuchar en mi cabeza mi voz en off cantando cualquier estribillo de moda mientras asiento sin enterarme de nada.  La técnica me funcionaba, hasta que las hormonas me la echaron abajo. Estas hormonas traicioneras que demolieron mi manera de evasión mental, aparecieron en el momento en que por casualidades de la vida, nos quedamos embarazadas a la vez, ella de SuPequeña y yo del Miniser.

bla bla blaYa te puedes imaginar cómo discurrieron los escasos encuentros que tuvimos durante el embarazo de ambas: sin preguntar ya me daba todo tipo de explicaciones sobre qué sentiría, cómo,cuando y dónde, y si no lo vivía así, es que yo algo no estaba haciendo bien. Durante esos meses, como nos vimos poco y mis niveles de felicidad rebosaban tanto que todo lo veía en rosa fucsia, la verdad que poco me importaba las cátedras que intentaba sentar en mí, aunque reconozco que mi subconsciente ya empezaba a rebelarse con un hartazgo cada vez mayor. Tuvimos los partos con un mes de diferencia, margen más que suficiente para que durante estos once meses, y pese a mis intentos de escapada, cada vez que nos hemos visto haya creado una competición (sólo por su parte) entre nuestros dos retoños.

Y en el segundo puesto de esa competición, me encontraba hace dos días, cuando la dije que sí a esa tarde de café, con la esperanza de que hubiera sanado un poco del síndrome. Pero no, no fue así.

-¿Y ya anda?

-Empieza ahora, va haciendo sus pinitos…

-Porque la mía sí, no veas cómo corre, y salta, va a ser atleta, como su hermano. ¿Y habla?

-No, el muy truán no dice mamá, sólo dice pap…

-Pues la mía sí, parece un lorito, normal, su hermano también habló desde muy temprano. ¿Y ya tiene dientes?

Ahí está la mía, pensé, ahora te vas a enterar. -Pues sí, le salieron muy pronto, antes de los cinco meses, y ya tiene ocho dientacos. –A ver que dices ahora, ¿qué la tuya nació mordiendo un bocata de chorizo? já.

¿Tan pronto?, pues eso es malísimo, te lo digo porque una vez leí… Y ahí ya me saturé. Cuando comenzó con una tesis sacada de vete tú a saber que rincón de esa mente que nunca en la vida leyó más que las etiquetas del champú, mis hormonas traicioneras echaron abajo el infranqueable muro de indiferencia que habitualmente levantaba durante la conversación, sacando de mi interior esa leoncilla maternal en defensa de su cachorro.

Ahí me dí cuenta que la maternidad también había cambiado mi manera de razonar, antes era más transigente cuando infravaloraba mis cosas, pero que siempre quiera dejar por debajo a mi pequeñín…eso sí que NO!. Así que la dejé, que siguiera, dejé que me explicara todo lo que hacen sus niños, y lo que ella espera de ellos mientras yo planeaba mi venganza. Y fué entonces, al compás de un ¿no te parece? cuando dejé de escuchar, de esperar y de aguantar. Fue cuando mis hormonas que gritaban desde las entrañas salieron a flote, acompañadas de unas tranquilas palabras:

-Mira, lo que me parece, es que tus hijos sabrán hacer muchas cosas que tú te empeñas en que aprendan rápido a hacer y en que demuestren que son los mejores. El mío, que haga lo que quiera cuando le apetezca hacerlo, porque lo que él sabe y sabrá siempre, es que LE QUEREMOS SEA COMO SEA, no necesitamos que sea el mejor porque para nosotros, YA LO ES.

Y así, sin más tiempo que perder, me levanté y carrito en mano pagué los cafés, saliendo por la puerta sin moletarme en decir adiós. Y fíjaté, juraría que el Miniser, además de regalarme una sonrisa, me guiñó un ojo.

Trata con respeto

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18 pensamientos en “La única madre del mundo

  1. Bueno, yo creo que a veces estas personas lo que tienen es una muy baja autoestima y por eso necesitan subirse el ego asi, a la fuerza, y sin tener en cuenta a los demás… creo que no lo pueden evitar. Creen necesitar ese reconocimiento. Pero creo que lo que tu y tu bebé habéis hecho es darle sinceridad, que es mucho mejor y más prueba de amistad. Si vuelve a quedar contigo ya sabéis las dos mucho más de vosotras mismas!
    Me ha encantado María, un besazo!

  2. Muy real !! Da lástima pero la sociedad está montada así… Era por lo único que dudé la maternidad… Me agotan estas competiciones…. No es como se empieza ; es como se termina… (Hay que dejarles volar) Besitos y enhorabuena

  3. Se me han venido a la mente 3 “amigas” mías, aunque no todas madres. Y yo hacía como tú: quedaba, quedaba y seguía quedando. Hasta que me harté. Después de cada encuentro volvía a casa “rara” y decidí quedar sólo si me apetecía y ese día me sentía con fuerzas para devolverle sus puyas…. Eso es que son tan inseguras…. Lo peor de todo es que las pillas mintiendo!!!!!! En fin, ánimo!! Nosotras lo valemos! Jeje.

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