Viajar con mochila (parte I)

 

Me encanta viajar. Más que hobby es una necesidad. Descubrir nuevos lugares, nuevas experiencias. Siempre he creído que viajar es una manera de ampliar la mente, conociendo la forma de vida de una ciudad, su día a día, su cocina… Y por ese espíritu explorador y porque me junté con la reencarnación de Willie Fog, siempre que podemos viajamos como mochileros. Buscándonos la vida de una manera cuerda, por nuestra cuenta, sin programas ni agencias que nos digan que hacer a cada minuto. Un billete de avión a un destino y muchas horas de Internet anotadas en un cuaderno para saber al menos por donde andamos. Así hemos recorrido bastantes lugares: China, Argentina, Turquía, casi toda Europa, con ilusión en los ojos y la mochila en la espalda. Con la mochila…¡que ingenuos!.

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No sabíamos lo que era llevar mochila de verdad hasta que este año, hicimos nuestro primer viaje como padres. ¡El Miniser si que es una buena mochila!. Aquí te dejo nuestro cuaderno de bitácora:

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3m D.M. (Tres meses Después del Miniser). Primera toma de contacto turística. Destino: El Pueblo. Habían pasado tres meses desde el nacimiento, y aún había familiares que no le conocían. Ya era hora de ir a visitarles. Teníamos ganas de cambiar de ambientes, coger la carretera y desconectar de todos esos días en los que aún no sabíamos apenas por donde nos daba el aire. De todo eso teníamos ganas, pero además, teníamos otro objetivo oculto: ver cómo nos desenvolvíamos fuera de casa para planear las verdaderas vacaciones del año.

Nos reciclamos un poco con el Tetris, más que nada para poder meter en el coche todo lo que creíamos que íbamos a necesitar esos cuatro días de alejamiento del nido. Cuna de viaje, bañera hinchable, hamaca, ropa para parar un tren, pañales, el carrito, la sombrilla, el intercomunicador, el apiretal….Nuestras maletas, sí, esas también tenían que entrar. Conseguido, todo cargado y rumbo al pueblo. Cuatro horitas de viaje nos esperaban, que aunque en realidad se tarda menos, al ser la primera vez íbamos a velocidad crucero, teniendo la sensación de que en los asientos de atrás en vez de un bebe en el maxicosi iba una botellita de nitroglicerina. Bien, ningún problema. Paramos una vez y por paranoia nuestra porque el Miniser fue como un ceporrillo todo el camino.

Una vez en el destino, transcurrieron los días sin nada destacable. El Miniser un santo, ni le vieron llorar de lo bien que se portó. Comer, dormir, unas sonrisas, y vuelta a empezar. Cuatro días después, misma operación de encajables en el maletero y alrededores y otras 4 horas de carretera.

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Ya en casa hicimos resumen mental y verbal al deshacer las maletas: la cuna, inútil, ya que le metimos con nosotros en la cama todos los días. La ropa, no le pusimos ni la mitad de la mitad. Pañales y apiretal, prescindibles, porque sí, aunque nos cueste creerlo, también hay supermercados y farmacias más allá de nuestro barrio para comprarlo al llegar. Y así casi todo lo que habíamos llevado.

Pero lo importante: Objetivo cumplido, podemos ir de vacaciones como padres. Ahora, habrá que pensar a dónde.

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2 pensamientos en “Viajar con mochila (parte I)

  1. Qué bonito blog y qué genial vuestro primer viajecillo! La verdad es que al principio intimida mucho eso de coger los bártulos y arrancar… pero luego le vas pillando el truco: las mejores horas, los juguetes que le mola llevar, las cancioncillas que le tranquilizan… etc, y es pan comido 😛
    Me alegro mucho de leerte por aquí también!
    Un beso!

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